TRABAJANDO CON......
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Un paranoico
"El compañero Jorge" (B)
" Cuando tomé posesión de mi puesto de trabajo, ya había oído hablar de Jorge, que iba a ser mi compañero. Quise establecer con él una relación amistosa. La primera mañana le fuí a ver para presentarme . Me acogió con frialdad sin levantarse de su asiento y sin decirme que yo me sentara. Me dió tiempo a darme cuenta que había nublado la pantalla de su ordenador desde el momento en que me acerqué a su mesa. Como no conseguíamos entablar una conversación, le pregunté por el mejor sistema para atender a los clientes. Me respondió con un tono irónico que yo debería saber cómo manejarme con los clientes, ¡puesto que me habían dado este trabajo!. Desalentado abandoné el despacho.
Al día siguiente encontré en mi buzón una carta de él. Era una fotocopia de las recomendaciones oficiales de la empresa sobre la conducta a seguir cara a los clientes, que por supuesto, yo conocía. Nuestra relación mejoró un poco en el transcurso de las semanas siguientes. Conseguí que trabáramos alguna conversación, pero en cuanto empezaba a explayarse un poco, a hablar de sí mismo, de pronto le veía como recuperarse, retomar el control, y se marchaba diciendo que tenía que terminar algún trabajo urgente.
A las dos semanas de mi llegada recibí una llamada de uno de sus clientes, que me aclaró que de ahí en adelante querría tratar conmigo. Yo estaba molesto, porque no quería que Jorge se lo tomara a mal, así es que le puse una nota en su casillero. Al día siguiente, mientras estaba delante del ordenador, llegó a mi despacho como una exhalación, acusándome de quedarme con sus clientes. Procuré calmarlo, repitiéndole que se trataba del cliente, que era quien me había llamado a mí, y que yo no sacaba nada. Aparentemente pareció tranquilizarse, pero tuve que reiterar mis explicaciones un sin número de veces, y tenía la impresión de que no me creía, o que intentaba creerme sin conseguirlo. Como si librase un verdadero combate en su interior entre la confianza y la desconfianza. Catalina, la secretaria, que había sido testigo de la escena, me dijo que no era la primera vez que acusaba a alguien injustamente, y que se había enfadado con numerosas personas de otros servicios. Un día después le vi más calmado, le volví a hablar del tema y entonces observé que llegó a creerme.
Decidí mantener con él un contacto regular, pensando en que, si me veía todos los días,le costaría más pensar mal acerca de mis intenciones respecto a él. Continuamos con nuestra pequeñas conversaciones. Algunos días está relajado y parece contento de verme, de modo que aprendo algo más de él. Vive solo desde que se divorció, pero está muy ocupado en varios procesos. Me dijo que él llevaba su propia defensa, que se había empapado en derecho sobre daño corporal. Hay días que lo veo llegar al trabajo muy tenso, desconfiado, que no despega los labios.
Un día había estado por la tarde con unos compañeros jóvenes cerca de la máquina de café y que, tras una de mis bromas, todos estallaron en carcajadas. Justo en ese momento Jorge pasaba por allí sin que pareciese que nos estaba observando. Al día siguiente tenía de nuevo esa actitud hostil; comprendí que había pensado que nos reíamos de él. Dejé pasar unos días y fue él quien vino a hablar conmigo. Pero tengo la sensación de que nunca está del todo asentada la relación y que bastaría que yo metiese en algo la pata, para que él pensara que quiero fastidiarle.
Con los clientes difíciles puede que la cosa marche o que fracase. Hay que admitir que tiene una fuerza de convicción no muy corriente. Hay que reconocer que hace firmar a los clientes algunos contratos que nadie más habría conseguido. En contrapartida, otros clientes llaman a la dirección para quejarse de sus maneras. Finalmente he terminado por habituarme a él. No es mala persona, aunque a veces lo parezca. Su problema es que no llega nunca a sentirse en confianza: ve algo sospechoso en todas partes. Me pregunto dónde y cómo habrá aprendido esta forma de ver la vida.
Los paranoicos son personas desconfiadas en exceso y además interpretan los acontecimientos desagradables como producto de un acto malintencionado, hecho con mala fe, no siendo el caso. Y lo que es peor, interpretan hechos banales como si estuvieran expresamente dirigidos contra ellos.
(Estractos de "Cómo tratar con personalidades difíciles" de Lelord y André ).
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