Rumores, calumnias, difamaciones y juicios
temerarios
por: Karla Rebeca Paladino
(Extractos selecionados por M. Parés)
Cuando se trata de hacer el bien al prójimo, a la
sociedad y convivir pacífica y solidariamente con los demás,
conscientes que somos hermanos, hijos de un mismo Padre y Creador, y que
existen límites a la hora de decidir publicar x o y, noticias, comentarios
o informaciones, cuando se trata de ser cada vez mas humano, no contribuir
al conflicto y no se quiere faltar a los principios y valores nuestros,
se evitaría caer en las siguientes faltas a la ética y
a la caridad.
1. No practicaríamos el rumor:
El rumor va de boca en boca sin que nadie pueda dar razón de ello: se dice que dijo, se rumora. De dice de alguien para que se crea como verdad pero sin verificarse si es verídico. El rumor es una información no verificada y está basada en que me lo dijo un amigo y alguien de confianza: estos dicen 'cuando el río suena piedras trae' o 'si lo han dicho por algo será'. O este otro: miente que algo queda. Pero quien escucha un rumor no tiene garantías de que sea cierto. La intencionalidad de los rumores es perversa o tendenciosa. Por otro lado, el chisme se refiere a historias bajas sobre personas concretas que rondan en la calumnia. Es un juicio subjetivo y está en la línea de la frase que dice: calumnia que algo queda.
El rumor es la piedra angular de la desinformación. La desinformación es una técnica que podríamos llamar información cancerosa. Porque no se trata de no informar, sino de informar mintiendo o falseando la verdad. Es una técnica que consiste en proporcionar informaciones erróneas, llevándoles a difundir opiniones que correspondan a las intenciones del desinformador. La desinformación tiene como base una información falsa, ofrecida en clave de mentira, y puede darse el caso de que algunas de las informaciones sean verdaderas, pero ocurre que en el contexto de la desinformación incluso las verdades se dicen con fines desorientadores o engañosos. A veces la mentira puede ser fácilmente descubierta. Pero lo más frecuente es que se vista hábilmente de verdad, con lo cual consigue penetrar mejor en el receptor y modificar sus opiniones y puntos de vista en función de los intereses del emisor.
Una de las técnicas para vencer al enemigo ha sido el rumor, porque en los rumores se reflejan opiniones, dándoles libre curso a los rumores se induce a sus destinatarios a la creencia de cosas que para verficarlas y conocer si es verdad no habrá acceso. El rumor es un medio muy apropiado para desmoralizar audiencias y poblaciones enteras. Mediante el rumor se puede perder la credibilidad en las instituciones, en las personas y se produce el efecto de "a río revuelto, ganancia de pescadores". Es la ocasión de oro para los oportunistas.
Al faltar una información objetiva y verídica sobre los hechos, terminan imponiéndose los rumores, creándose una situación de confusión y desconcierto social.
Hay un mito muy difundido, es el mito de los expertos. Si hablan los expertos, habrá que escucharles digan lo que digan. Los expertos dicen sus puntos de vista en los medios de comunicación y cualquiera cree que todos los demás piensan igual. No importa si es cierto o no, importa la autoridad del que habla. En ocasiones sucede que el rumor descansa en el hecho de que hay una persona que su testimonio es incuestionable.
Otras veces nuestra imaginación perturbada contribuye poderosamente a la deformación de nuestras percepciones de la realidad y supone como real lo que solamente existe en la imaginación. Existe en nosotros una fuerte tendencia a objetivar aquello que vehementemente deseamos. A convertir nuestros deseos más profundos e intensos en realidades. El rumor siempre es una técnica de manipulación. Psicológicamente hablando se dice que la persistencia en repetir una historia fantástica es un factor decisivo para su aceptación.
En este momento la pregunta obligada es la siguiente: Los periodistas ¿cuentan las cosas como son o se las inventan? La experiencia demuestra que muchas veces sus presuntas informaciones son meros rumores y otras historias son puras invenciones, hasta que pronto o tarde se descubre el fraude informativo y el engaño.
Los rumores son montajes prefabricados para desacreditar a personas e instituciones, como los rumores en base a documentos falsos redactados en las oficinas de la desinformación. La historia del periodismo está plagada de historias de este tipo de rumores.
Todo parece indicar que el caldo de cultivo de los rumores son los sentimientos racionalmente descontrolados y la imaginación de emisores irresponsables, y receptores mal preparados para descifrar los mensajes informativos en clave de rumor. El rumor presupone la aplicación de una idea nefasta para el quehacer informativo inspirada en el dicho maquiavélico: Calumnia y miente, que algo queda.
2. No difamar ni calumniar:

La auténtica información es incompatible con el decir la verdad difamando, calumniando, robando a los demás su fama y honor. El fin de informar no justifica el atropello de la dignidad de la persona, aunque sea para decir la verdad. Es inmoral, inhumano, perverso, es injusto hacer uso de la calumnia y de las sospechas maliciosas para minar la moral de las personas.
Los códigos éticos en otros países señalan sobre esto lo siguiente:
Es
contrario al decoro periodístico publicar acusaciones infundadas,
sobre todo cuando éstas son de carácter difamante.
No
deben hacerse acusaciones contra individuos o grupos si no pueden ser aducidas
pruebas convincentes en apoyo de tales acusaciones.
La
difamación y la calumnia es un delito no sólo cuando se refiere
a los individuos, sino también a las personas morales.
Se
prohibe la difamación, el chantaje, las acusaciones sin pruebas,
y no se difunden las informaciones infundadas o las informaciones desfavorables
relativas a unas personas, un grupo o el interés general.
Se
esfuerza por limitar las consecuencias indirectas de estas informaciones
sobre el porvenir de los interesados y sobre la reputación de otras
personas, acepta las rectificaciones y rectifica las informaciones lesivas
cuyo carácter erróneo él mismo comprueba.
Se
evite la calumnia, la difamación, acusaciones infundadas, rumores,
expresiones vulgares, inmoralidad, obscenidad y blasfemia.
La Unesco cita al respecto: El respeto del derecho de las personas a la vida privada y a la dignidad humana, en conformidad con las disposiciones del derecho internacional y nacional, que conciernen a la protección de los derechos y a la reputación del otro, así como las leyes sobre la difamación, la calumnia, la injuria y la insinuación maliciosa, hacen parte integrante de las normas profesionales del periodista.
Se debe respetar el honor, la fama y la honra de las personas.
Difamar consiste en negar de palabra el derecho al reconocimiento de la
propia excelencia ante el público.
Difamación equivale a negar injustamente a personas o instituciones
la fama que les es debida.
Difamar y deshonrar equivale a negar injustamente a las personas y a los
grupos humanos la fama y la honra.
Contra la fama se usa la difamación que tiene varias formas conocidas en la práctica:
Narrar
públicamente indebidamente un defecto verdadero pero que oculto,
no tenía porque hacerse público.
La
calumnia es decir mentiras o defectos personales realmente inexistentes.
El
chismorreo su finalidad es sembrar la discordia.
La
murmuración es perniciosa, consiste en comentar sin razón
suficiente o con intención perversa defectos reales, mas o menos
conocidos de personas o instituciones.
3. No hacer juicios temerarios:

El juicio temerario, consiste en opinar o pensar mal de alguien sin fundamento. No debemos juzgar a otros.
La Biblia también nos dice que debemos tener mucho cuidado de no hablar mal de otros, especialmente a espalda de ellos.
San Agustín en su sermón 46 explicaba: "¿Quién puede juzgar al hombre? La tierra entera está llena de juicios temerarios. En efecto, aquel de quien desesperabamos, en el momento menos pensado, súbitamente se convierte y llega a ser el mejor de todos. Aquel, en cambio, en quien tanto habíamos confiado, en el momento menos pensado, cae súbitamente y se convierte en el peor de todos. Ni nuestro temor es constante ni nuestro amor indefectible". Y en su comentario sobre el salmo 147, 16 decía: "Si el mal ajeno es dudoso, puedes lícitamente tomar precauciones contra él, por si es cierto; pero no debes condenarle como si ya fuera cierto".
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