Once
millones de españoles sufren mal clima laboral. Para
transformarlo cada persona debe resolver sus conflictos
interiores

BORJA VILASECA 15/06/2008
Imagine
que está en su puesto de trabajo. Sí, en ese
extraño lugar en el que pasa al menos ocho horas de
lunes a viernes por un salario siempre mejorable, conviviendo
con desconocidos que usted no ha escogido y a los que ve más
que a su propia familia y a sus amigos más íntimos.
Vuelva a pensar en el sitio donde trabaja y eche un vistazo
a su derecha y a su izquierda. Ahora mire hacia delante y
hacia atrás. ¿Ha tenido algún rifirrafe
con alguna de las personas que está viendo? ¿Se
lleva realmente bien con todas ellas? ¿Hay alguien
a quien no soporte?

La
falta de apoyo y comunicación en el equipo crean las
mayores tensiones
Desconfianza
en las motivaciones ajenas es sinónimo de inseguridad
propia
Si es sincero consigo mismo seguramente admita haber discutido
e incluso haberse enfadado con alguno de sus compañeros,
por mucho que los demás no se hayan dado cuenta. Y
que reconozca estar harto de una o dos personas en concreto,
a las que al menos en su fuero interno no les pasa ni una...
Por todo ello, ¿siente antipatía crónica
o le guarda rencor a algún miembro de su equipo en
particular? ¿Es posible que le ronden pensamientos
negativos, e incluso violentos, sobre alguno de sus compañeros?

Quizás
le saque de quicio ese colega tan victimista que siempre aparece
en el momento menos oportuno, contándole lo desafortunada
que es su vida y la manía que le tiene el jefe y el
resto de colaboradores. O tal vez aquel otro tan chistoso,
que parece haberla tomado con usted, soltando bromas que no
suelen hacerle ni pizca de gracia... Quien sabe, igual convive
con alguno de estos personajes, pero en realidad el que más
le molesta es uno que sin saber muy bien por qué compite
agresivamente contra usted, tratando de dejarle en evidencia
cada vez que el jefe hace acto de presencia.

Respire
hondo y haga una pausa. Puede que ahora mismo esté
pensando que no es culpa suya, que usted es una buena persona
y que ha tenido mala suerte por tener que compartir tanto
tiempo en compañía de gente tan conflictiva.
Pero sepa que los expertos en comportamiento organizacional
afirman que estos sentimientos normalmente son recíprocos.
A
usted también se le critica por los pasillos y a veces
por aquellos de los que menos se lo espera. ¿Ha pensado
alguna vez qué opinión tienen los demás
sobre usted? Y sincérese todavía un poco más:
¿ha barajado la posibilidad de que puede que no sean
los demás, sino que en realidad el compañero
conflictivo sea usted mismo?

Todas
estas inquietudes forman parte del día a día
de las organizaciones españolas. Entre otros informes
que intentan cuantificar la gestión y el impacto de
todos estos intangibles, destaca el Estudio Cisneros 2006,
de la Universidad de Alcalá de Henares, cuyas conclusiones
se basan en una encuesta realizada sobre 4.500 trabajadores
de la Comunidad de Madrid.
Según
sus conclusiones, entre otras fuentes de tensión y
preocupación laboral, el 55,7% de los profesionales
(más de 11 millones de españoles) señala
como uno de los principales factores "el mal ambiente
que se respira entre compañeros". Le siguen "la
falta de comunicación en el seno de trabajo" (51,5%);
"la falta de apoyo por parte de los compañeros"
(45,1%) y "las envidias y rivalidades que se dan entre
los miembros de un mismo equipo", que afecta al 39,4%
de los empleados.
Fruto
de esta competitividad, cada vez se dan más casos de
acoso laboral, más conocido como mobbing, que ya es
uno de los mayores problemas relacionados con la salud laboral
en España. Según un estudio de la consultora
Mobbing Research, este acoso afecta al 12,5% de los empleados
(unos 2,5 millones de personas), que acaban por salir voluntariamente
de las empresas, causar baja por depresión o incluso
suicidarse. Los expertos en psicología laboral aseguran
que las víctimas de esta violencia psicológica
suelen ser personas que destacan en un entorno laboral mediocre.

Y
todavía hay más datos que ponen de manifiesto
la jungla en la que parecen haberse convertido la gran mayoría
de empresas españolas. El año pasado, por ejemplo,
la consultora de recursos humanos Otto Walter realizó
un análisis basado en más de 3.000 experiencias
de unos 650 directivos españoles, que en un 90% de
los casos afirmó haberse tenido que "enfrentar
a trabajadores provocadores de conflictos, que contaminan
el clima laboral, criticando y manipulando al resto de compañeros
con su actitud negativa, acusadora y victimista".
Lo
cierto es que "la empresa es una red de relaciones humanas
cuya finalidad es conseguir una serie de resultados que tan
sólo pueden obtenerse trabajando en equipo", apunta
el coach Vicenç Olivé, codirector del Instituto
Gestalt, que imparte cursos para la mejora del ambiente laboral.
Eso sí, "debido a la hipervelocidad, el estrés
y el cansancio generalizado, en mayor o menor medida el conflicto
suele ser uno de los rasgos inherentes a la vida de cualquier
trabajador", constata este experto.

"La
gran mayoría de estos desencuentros personales son
pequeños malentendidos, que ponen de manifiesto que
no es lo mismo hablar que comunicarse", afirma Olivé.
"Y esta carencia relacional genera una serie de choques,
que a su vez crean y fortalecen redes neuronales negativas
con las personas que forman parte de nuestro entorno laboral
más inmediato". Por eso "nos solemos poner
nerviosos o de mal humor cada vez que nos cruzamos con alguno
de los compañeros con los que hemos tenido algún
desencuentro en el pasado", concluye.

Sea
como fuere, "la manera en la que interactuamos con nuestros
compañeros de trabajo dice mucho acerca de una relación
mucho más profunda y que es la causante de todos y
cada uno de estos conflictos laborales: la relación
que tenemos con nosotros mismos", afirma el médico
Mario Alonso, profesor de liderazgo, comunicación y
creatividad del Eurofórum, del IDDI y del centro de
formación Garrigues. En su opinión, "no
vemos a los demás como son, sino como somos nosotros".
Es
decir, que "cuando desconfiamos de las motivaciones de
los demás, suele indicar que nos sentimos inseguros
y que apenas confiamos en nosotros mismos". O que "cuando
nos molesta que no nos reconozcan nuestros méritos,
suele significar que carecemos de autoestima". E incluso
"cuando nos quejamos de que los demás son muy
críticos con nuestro trabajo, seguramente sea porque
somos muy susceptibles y exigentes con nosotros mismos".
De ahí que "en vez de señalar a los demás
como los responsables de nuestros problemas relacionales,
hemos de mirar en nuestro interior para encontrar la solución
que andamos buscando", reflexiona.
Más
que nada porque "al conocer, comprender y cambiar al
observador es cuando empieza a transformarse lo observado",
añade Alonso. "La evolución natural que
están siguiendo cada vez más profesionales consiste
en abandonar el papel de víctima, que les llevaba a
reaccionar negativamente frente a lo que les pasaba, para
convertirse en protagonistas, ofreciendo la mejor respuesta
frente a cada circunstancia".

Llegados
a este punto, volvamos un momento a usted. ¿Qué
es lo que realmente puede hacer para cambiar su relación
con sus compañeros de trabajo? Cambiarse a sí
mismo. Para lograrlo, "es necesario ser consciente de
cuál es nuestro estado de ánimo cada vez que
interactuamos con los demás", explica el coach
Enrique Simó, experto en inteligencia emocional y desarrollo
personal. Sobre todo porque "cuando carecemos de energía
vital, solemos vivir más inconscientemente, filtrando
lo que nos sucede de una manera más egocéntrica
y, por tanto, más negativa y conflictiva".
Así,
"para poder relacionarnos más armoniosamente,
es fundamental vivir más conscientemente, creando espacio
entre lo que nos pasa y la respuesta o actitud que tomamos
frente a lo que nos pasa". También "es importante
comprender que todo el mundo lo hace lo mejor que puede -según
su grado de comprensión y conciencia-, igual que tú
mismo lo haces lo mejor que puedes". De ahí que
"si quieres que los demás te acepten tal como
eres, lo mejor que puedes hacer es empezar por aceptar a los
demás tal como son". Y concluye: "Cuando
emites malestar, negatividad o toxicidad, al primero al que
envenenas es a ti mismo".
http://www.elpais.com/articulo/servicios/Pienselo/bien/usted/buen/mal/companero/trabajo/elpepueconeg/20080615elpnegser_1/Tes
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