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Tierra
fría
por
Juan Carlos Romero Puga
Tierra
fría es una cinta que además de intentar recrear
un hecho real, toma una posición de género,
lo cual más que hacerla digna de elogio, convierte
toda la historia en un rosario de clichés y de situaciones
por demás predecibles.

Basada
en un caso real protagonizado por Lois Jenson, quien entabló
uno de los primeros juicios por acoso sexual en Estados Unidos
contra la minera Eveleth, esta película se ocupa del
caso de Josie Aimes (Charlize Theron) una madre divorciada
quien al igual que en los sucesos reales se emplea en una
mina de hierro, convirtiéndose en víctima y
testigo de los abusos contra las mujeres en la empresa .

El
resultado no es del todo desdeñable, básicamente
porque cuenta con un gran reparto que aporta enormidades a
un guión al que, llegado a cierto punto, se le agotan
las posibilidades.
Las
ausencia de imaginación es notable sobre todo en los
segmentos relativos al litigio de la protagonista ante la
corte, ya que el resto funciona con solvencia a la hora de
plantear el conflicto.

De
entrada podría parecer maniqueo plantear el sufrimiento
de un puñado de buenas mujeres a manos de un grupo
de acosadores, pero hasta en eso sale bien librada la película
de Niki Caro, ya que existe un buen número de secuencias
en las que la frontera entre la excesiva familiaridad entre
los trabajadores y el hostigamiento llega a ser tan ambigua,
que uno mismo como espectador necesita más pruebas.
A esto hay que añadir que la polarización no
es absoluta, en la medida que se nos presentan mujeres insolidarias
con su propia causa y hombres que parecen de veras amables.

Todo
se viene abajo cuando los realizadores capitulan en aras de
darle al público otro final feliz, mediante recursos
harto vistos.
En
este punto no se trata de si el bueno de la historia gana,
sino de que el sacrificio y las lágrimas siempre vengan
premiadas con felicidad eterna y absoluta. Otra vez, como
en cientos de filmes, asistimos al espectáculo de las
reconciliaciones familiares y los pleitos judiciales ganados
casi providencialmente por dos elementos gastadísimos:
la confesión sacada a un testigo gracias a las agallas
y al empuje de un abogado en escenas del tipo Tom Cruise-Jack
Nicholson en Cuestión de honor, y a la comparecencia
de otro testigo inesperado que casi siempre termina revirtiendo
la inminente derrota.

Estoy
seguro de que he contado más de lo que se debe, pero
de verdad, Tierra fría tiene el defecto de ser transparente
en su desenlace desde el inicio. Eso puede quedar de lado
si uno disfruta de las actuaciones por demás generosas
de todo un reparto al que en serio da gusto ver trabajar.
Desde Monster, Charlize Theron se ha agigantado como actriz,
pero en esta ocasión no se trata de ella sola , sino
de un grupo sólido que se encarga, quizás de
papeles pequeños, pero que no pasan inadvertidos.

En
el entendido de que este filme está basado en un hecho
cierto, pero que a fin de cuentas se trata de una ficción,
uno se pregunta si con cierta osadía, tanto guionista
como director pudieran habernos dado un final terrible y desolador,
que le taladrara a uno el corazón.
Ciertamente
eso no sucedió por lo que decía al principio.
Hacer una película de género es idealizar y
hacer un discurso político. Lo otro es aventurarse
y aunque sea cruel resulta más auténtico. La
directora no quiso. Ni modo.
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