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RAMÓN
IRIGOYEN VUELVE al panorama editorial de la mano de sus queridos
clásicos, a los que esta vez ubica en el ámbito
de la empresa, con ejemplos de textos que hablan de oposiciones,
de gestión de crisis o de acoso moral. Nuevamente,
Irigoyen rompe los tópicos y la sacralización
que rodea a estos autores y los emplea para escribir un libro,
'Los clásicos en la empresa (Del currículo de
Cervantes al acoso moral del Cid'), que pretende servir de
ayuda a quien se enfrenta o vive en este complicado mundo
laboral
A.
OLIVEIRA LIZARRIBAR - Pamplona
"Los
clásicos en la empresa muestra el mundo laboral a través
de los clásicos de la literatura occidental".
Así define el escritor pamplonés Ramón
Irigoyen el contenido de su nuevo libro, editado por Planeta,
un trabajo dividido en doce capítulos en los que aborda
temas como el currículo, las formas de buscar y encontrar
trabajo, cómo se gana una oposición, el acoso
laboral o la jubilación. Y lo hace echando mano, como
en ocasiones anteriores, de ejemplos hallados en escritores
y pensadores clásicos como Cervantes, Fray Luis de
León, Baltasar Gracián o Julio César.
Interesado por el tema de la empresa por aquello de que "la
economía, "en su sentido de administración
de la casa, es una de las cosas más importantes para
cualquier persona", Irigoyen ha querido con este libro
destacar la "extrema importancia" que tiene tenerla
en cuenta, "porque marca nuestros actos de forma absoluta".
Sin embargo, lamenta el autor, la empresa española
"sigue aún bajo mínimos". Y lo demuestra
con dos pruebas. Por un lado, en el primer capítulo
destaca cómo Cervantes no ha sido bien ubicado en los
libros de historia de la literatura, "porque no sólo
es novelista, sino que es un poeta de altísimo nivel
y así lo llegó a escribir en El viaje en el
Parnaso, que es su propio currículo". Esto, añade,
"no lo descubrió un crítico español,
que son como más místicos, sino uno inglés,
que son más empiristas y prácticos y, a la vez
que analizan la métrica y el estilo de un texto, se
enteran del contenido". Asimismo, según el pamplonés
hay otro punto "que demuestra el bajo nivel de cultura
de empresa que hay en España" y es la ausencia
de facultad de Ciencias Empresariales hasta 1975. "Esto
hace que el mundo de la empresa no tenga reconocimiento social,
ya que está considerado un mundo de bandidos, que los
hay y muchos, y que no se vean los efectos positivos".
Irigoyen cree, pues, que hay que "levantar esas opiniones",
de ahí la publicación de este trabajo.
Con
el habitual sentido del humor y la ironía que le caracterizan,
y que introduce también en sus textos, Ramón
Irigoyen apunta algunos de los asuntos más característicos
que ha tratado en Los clásicos en la empresa y que,
a buen seguro, sorprenderán a los lectores. Así
por ejemplo, destaca cómo ya en tiempos de Fray Luis
de León se cometían fraudes en las oposiciones
o cómo se aprende a vender. En este punto, cita a Heller,
Gracián y su best-seller Oráculo manual y "al
genio supremo, que es Escrivá de Balaguer". "Hace
unos días entré en la web de la Universidad
de Navarra y comprobé cómo han prosperado, tanto
que casi tres cuartos de la ciudad son suyos...". Irigoyen
subrayó, en este sentido, cómo el fundador del
Opus Dei era una auténtico hombre de empresa, "no
en vano, aunque sus miembros son un poco secretos, se sabe
que son unos 70.000 en todo el mundo". Por ello, el escritor
pamplonés ha querido dedicarle un capítulo "con
simpatía, admiración y crítica, en el
sentido etimológico de la palabra; es decir distinguir
el grano de la paja, lo que viene a ser diferenciar los aspectos
positivos y los negativos".
El
tiempo también es otro de los factores clave en el
mundo empresarial y el autor lo introduce a través
de la figura de los ejecutivos, que "nos dan una lección
enorme a todos, porque nos hablan de cómo fragmentar
el tiempo para que sea rentable". La idea, sin duda buena,
resulta, sin embargo, difícil llevarla a la práctica:
"Ya me gustaría, pero, en estos casos, el problema
es pasar de la teoría a la práctica", bromea.
Por
otro lado, para Irigoyen hay un capítulo vital, referido
a la igualdad sexual. "Los hombres no quieren participar
en esa igualdad sexual", lo que lleva a una "pregunta
esencial: ¿por qué a igualdad de trabajo cobran
menos las mujeres?" También le preocupan las
cifras de acoso moral en el trabajo, con más de dos
millones de personas que lo sufren en España, "por
culpa de animales de bellota que ejercen su agresión
contra personas a las que recomiendo que hagan artes marciales
para defenderse", señala el autor, que en este
caso usa el Poema de Mío Cid.
En
el capítulo del liderazgo toma como ejemplo a Julio
César, paradigma de "planificador y trabajador
extremo". Además, dedica espacio al caso del trabajador
deprimido, "al que hay que mirar con respeto, pero también
hay que distinguir entre el que de verdad está deprimido
y el que se escaquea de todo" con la coletilla preferiría
no hacerlo. Para ejemplicarlo echa mano de Bartleby el escribiente,
de Melville, "uno de los grandes cuentos del siglo XIX".
Cómo
se gestiona una crisis es otro de los apartados del libro,
con el Hamlet de Shakespeare como muestra de personaje que
"no sabe gestionar una crisis". Y, por último,
el libro se cierra con el tema de la jubilación, para
el que echa mano de La tregua de Mario Benedetti.
Autoayuda
Ramón
Irigoyen intenta también con este trabajo servir un
poco de ayuda, aunque cree que esto es una redundancia, "porque
todo libro te ayuda. A mí leer a Homero o a Cervantes
me ha dado muchas pistas de cómo tengo que vivir".
"Lo que ocurre es que ahora vivimos en una sociedad muy
pragmática y ha salido un tipo de literatura más
específica dirigida a descubrise a uno mismo, a encontrar
la felicidad, etcétera". En este sentido, y rompiendo
el tópico, el autor mira con simpatía este tipo
de publicaciones un tanto desprestigiadas, e intenta servir
con su texto al mejor conocimiento del mundo empresarial.
Y
es que, Irigoyen es especialista en romper estereotipos, sobre
todo el referido a la idolatría a los clásicos.
"El primer error se cometió con la Biblia, que
se sacralizó aunque había sido escrita por hombres,
y lo mismo ha pasado con los clásicos. La cultura se
intenta sacralizar para manipularla". De ahí,
por ejemplo, "los catastróficos manuales de literatura
que hay en España, que ni siquiera logran dar una imagen
correcta de Cervantes, que es el primer escritor". "Los
clásicos son personas como nosotros, con las mismas
virtudes y defectos", afirma.
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