por Ana García Piñán,
psicóloga
Cómo detectarlo
No sólo por sus frases lo conoceréis. Otra
pista es el efecto que el chantajista produce en ti: Cuando
cambiemos nuestros objetivos, nos sintamos faltos de energía,
egoístas, malos, anulados o incapaces de reaccionar,
es probable que estemos frente a una persona manipuladora.
Entonces lo mejor es huir porque el manipulador fulmina
la autoestima y nos hace cada vez más dependientes
de él, sentencia Iván Mayor, psicólogo
y profesor de la Universidad Complutense de Madrid.
También te ayudará a identificarlo saber
que suele poner en práctica actitudes muy amables:
hacer algo por ti antes de que lo necesites, por ejemplo;
paternalistas: decidir por ti, sin pedir tu opinión
o permiso, para protegerte o por tu bien; halagadoras: si
haces lo que él quiere, claro; o abnegadas: esa madre
que vive para sus hijos y que monta un drama si las cosas
no se hacen como quiere. En definitiva, actitudes que doran
la píldora a la víctima hasta la saciedad,
pero que se tornan en cólera, llanto o acusaciones
de egoísta, insensible, desagradecida... si no hacemos
lo que el chantajista quiere.
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Cosa de dos
Pero los juegos de manipulación tienen
dos protagonistas y el propio chantajeado debe analizarse.
Hay que detectar los miedos y las áreas deficitarias
de nuestra vida, como la diversión, el trabajo, los
amigos... que pueden hacernos manipulables, y hay que aumentar
nuestros recursos personales frente a ellos, advierte el psicólogo.
Por ejemplo, si temo que mi pareja me abandone, soy manipulable
y puedo ceder aspectos importantes de mi vida en aras de sus
deseos. En ese caso, tendría que identificar los pensamientos
que mantienen ese temor (No podría vivir sin
él/ella, etc) y aprender a rebatirlos, dice Iván
Mayor.
Además, evaluando las áreas
deficitarias, podré diseñar un plan para cubrirlas:
si dependo de mi pareja para salir, buscaré la forma
de disfrutar por mi cuenta; si todos mis amigos son sus amigos,
procuraré conocer gente afín a mis intereses...
Así, nuestros recursos aumentarán y nos sentiremos
seguros frente a cualquier manipulación.
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Si eres la víctima...
Responde con amabilidad y firmeza.
Si la persona manipuladora utiliza frases
del tipo: "Con todo lo que yo he hecho por ti....".
Puedes contestarle: "Me parece bien y te lo agradezco,
pero ahora he decidido actuar así".
No te creas la mala. Simplemente no tienes
que satisfacer sus necesidades todo el rato. Al culparte,
caes en su trampa.
Cuida tu autoestima. Si está maltrecha,
tolerarás lo intolerable. El trato con el chantajista
destruye la autoestima y te vuelve dependiente de él.
Vigila tus miedos. También los vacíos
vitales, porque pueden hacerte manipulable.
Si insiste, dale opciones. Dile que no haga
tanto por ti o, si tan bueno es, que lo haga desinteresadamente,
sin pedir nada a cambio.
Tampoco seas egoísta. A veces el manipulador
no es muy consciente de sus tejemanejes y sólo pone
en juego un rudimentario reclamo de atención y cariño.
Ayúdale a verlo y sé generosa, pero, ojo, que
no te coma el terreno.
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Si eres la chantajista
¿Te has reconocido en el papel de manipuladora?
Entonces tienes un problema. Disponte al cambio y lo superarás.
Como punto de partida debes reforzar tu autoestima con la
acción, la toma de decisiones, el trabajo bien hecho,
el logro de metas progresivas. No hagas trampas para que te
quieran ni hagas que el otro pague el pato de lo que arrastras.
Además, ten esto en cuenta: No culpes
al otro. Si no está a la altura de tus expectativas,
no se lo recrimines.
Plantéate si podrías modificar
tus metas en vez de intentar cambiarle a él. Abre tu
mente. Chequea tus patrones de pensamiento. Seguramente tienes
ideas inamovibles y rígidas sobre el bien y el mal.
Potencia tu vida social. Rodéate de
los tuyos, conoce gente nueva que te quiera por lo que eres,
sin favores a cambio. No uses tus relaciones para conseguir
un fin.
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Extraído de http://www.novarevista.com/psicoego/Chantajistas_Emocionales_1.html
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