por Ana García Piñán,
psicóloga
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Lobos con piel
de cordero
El chantaje emocional es un tipo de maltrato
psicológico muy frecuente en las relaciones humanas
que persigue, a veces de forma inconsciente, presionar al
otro para que sienta, piense, diga o actúe como el
chantajista quiere, de manera que, de no hacerlo así,
estaríamos traicionándole.
El chantajista desea que los demás
se comporten a su antojo y, cuando no lo hacen, actúa
como si fuera la víctima, la persona más sola
del mundo o a la que nadie quiere, cuando su comportamiento
persigue un único fin: mantenernos pendientes de sus
sentimientos y deseos, explica el psicopedagogo Bernabé
Tierno.
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Chantajistas emocionales
¡Mantenlos a raya!
El chantajista no cree en su capacidad (falla su autoestima)
para lograr el cariño de alguien de forma natural.
Por eso fuerza la situación...
Estos manipuladores de los sentimientos ajenos ponen en
juego la siguiente estrategia: dan mucho (cariño,
por ejemplo) y lo dan de forma aparentemente desinteresada,
pero, en realidad, buscan incrementar su autoestima, controlar
la conducta del otro (provocando sentimientos negativos
en él: culpa, sobre todo) y obtener la atención,
el afecto y la aprobación que de otra forma creen
no poder conseguir.
Autoestima y rencor
La trastienda de esta conducta tiene varios vericuetos.
Por un lado, el chantajista no cree en su capacidad (falla
su autoestima) para lograr el cariño de alguien de
forma natural. Por eso fuerza la situación sobrecargando
a su víctima de atenciones.
Por otro lado, al sentir que el chantajeado no responde
a sus peticiones en la medida que él espera, acumula
resentimiento, hostilidad y emociones negativas hacia sí
mismo y hacia los demás. Justo entonces empezará
a lanzar las frases que le han hecho famoso: Con todo lo
que he hecho por ti y ahora me lo pagas así, Toda
la vida sacrificándome por ti y ahora ni siquiera
vienes a verme. Sentencias que buscan generar a su alrededor,
sobre todo, sentimiento de culpa.
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Cómo detectarlo
No sólo por sus frases lo conoceréis.
Otra pista es el efecto que el chantajista produce en ti:
Cuando cambiemos nuestros objetivos, nos sintamos faltos de
energía, egoístas, malos, anulados o incapaces
de reaccionar, es probable que estemos frente a una persona
manipuladora.
También te ayudará a identificarlo
saber que suele poner en práctica actitudes muy amables:
hacer algo por ti antes de que lo necesites, por ejemplo;
paternalistas: decidir por ti, sin pedir tu opinión
o permiso, para protegerte o por tu bien; halagadoras: si
haces lo que él quiere, claro; o abnegadas. En definitiva,
actitudes que doran la píldora a la víctima
hasta la saciedad, pero que se tornan en cólera, llanto
o acusaciones de egoísta, insensible, desagradecida...
si no hacemos lo que el chantajista quiere.
Extraído de http://www.novarevista.com/psicoego/Chantajistas_Emocionales_1.html
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Nota de M. Parés. Webmaster.
¿Que
relación existe entre el Acoso Moral y los Chantajistas
Emocionales?
Soy del parecer que, muy a menudo, el desencadenante
de un hostigamiento es, precisamente, la negación de
la víctima a someterse a los caprichos del manipulador.
Opino que en las situaciones, previas al acoso,
cuando existia una buena relación entre el acosador
y la víctima, hemos de comprender que se trata de un
indicador de que estamos frente a situaciones en que un chantajista
emocional sometia a la víctima a sus designios y que
la rebelión al chantaje, por parte de la víctima,
es lo que desencadena el acoso moral.
Al tratarse de chantajistas, y viendo que
ya no tiene resultado con la víctima, utilizarán
esa técnica con el entorno de la misma, para conseguir
la lealtad de esas pèrsonas y convertirlos en aliados
de su causa. Estos aliados se verán forzados, para
no desagradar al/la chantajista emocional, a agredir a la
víctima y de esa manera seguir complaciendo al instigador
del acoso. Son los casos en que una persona se aleja de otra
y la estigmatiza siguiendo los designios del acosador.
No hemos de confundir entre personas buenas
que ayudan a los demás, y chantajistas que siempre
tendrán pendiente una factura a cobrar, y que no es
otra que nuestra sumisión. Existe un elemento vital
para distingirlos; la persona que nos ayuda en un acto de
bondad aceptará una negativa a posibles peticiones
nuestras. Aunque le disguste lo aceptará y la relación
de amistad no se resentirá. En cambio cuando nos negamos
a alguna petición de un chantajista, éste nos
hará pagar por ello, de una u otra manera; y la relación
se resentirá gravemente.
Abril 2006
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