|
Fecha:
Sun, 9 Mar 2008 14:00:05 -0300-Mendoza -ARGENTINA-Domingo
9 de Marzo de 2008
La educación que incomoda
Mientras se declama que la educación es esencial para
el desarrollo del país, se invierte poco o nada en
el tema. Cuál es el rol que deben cumplir los docentes.
Por
Alejandro Castro Santander
Psicopedagogo institucional
Cuando
decimos: Tendremos el país que hagamos a través
de la educación, ¿en qué pensamos?:
¿es muy romántico?, ¿es tan así?,
¿será? Por supuesto que no hablamos solamente
de la escuela. La familia, los medios, tienen su lugar preferencial,
pero ahora hablemos de educación pública.
Aparentemente,
lo que expresa la frase no está tan claro o no lo tomamos
muy en serio, ya que llevamos décadas en las que no
se invierte en recursos económicos ni en esfuerzos;
no tenemos un proyecto educativo nacional claro
ni políticas integrales para alcanzarlo. No vemos la
educación como elemento prioritario del desarrollo;
observamos de lejos la desigualdad entre las escuelas; naturalizamos
o padecemos la creciente conflictividad en las aulas; el malestar,
la enfermedad y el retiro de los docentes incomoda; insistimos
en denunciar la falta de compromiso de los padres y, como
todos los años, los docentes demandan un salario digno.
En
momentos en que exhortamos sobre la urgencia de
una educación de calidad, ¿cómo deben
ser estos docentes, para una educación que haga renacer
el país?
Según van pasando los años, nos hemos puesto
de acuerdo en algunas características para hacer un
retrato robot del educador de calidad:
- Buena preparación académica, pedagógica
y didáctica.
- Tener conciencia de que no lo sabe todo.
- Fuerte sentido de compromiso con la comunidad educativa.
- Gran equilibrio emocional.
- Paciencia.
- Tolerancia.
- Comprensión.
- Espíritu de equipo.
- Saber escuchar.
- Confianza en lo que hace.
- Empatía.
- Comprender al grupo en el contexto de su medio.
- Saber respetar las opiniones y decisiones que no son las
suyas.
- Capacidad de adaptación a situaciones y cambios.
- Innovador.
- Enamorado de su trabajo.
Pero
mujeres y hombres cuasi perfectos no aparecen
de la nada. Los sistemas educativos exitosos sostienen que
la calidad de un sistema educativo no puede ser mejor que
la de sus docentes, y esto es así, porque saben que
la pieza clave son sus maestros y profesores. Buscan graduados
brillantes y facilitan abundante formación práctica
para que aprendan a ejercerla bien. En Singapur, por ejemplo,
reciben la tutela de colegas más experimentados y,
en Finlandia, los docentes se distribuyen en equipos para
que se supervisen mutuamente las clases y tienen una tarde
libre a la semana para preparar las lecciones juntos.
Existen
muchos otros ingredientes para que estos profesionales sean
los artífices del éxito educativo de sus respectivos
países, pero lo que sigue muestra el corazón
de una nación: el gremio docente goza de un status
social elevado, un respeto reverencial del conjunto de la
sociedad y la adhesión inquebrantable de legisladores
y padres.
Máximo
Gorki en el prólogo de la obra La gaviota, de Anton
Chejov (1898), recordaba una conversación mantenida
con el poeta en la que se refería a los docentes en
una Rusia empobrecida: ¡Si usted supiera cuánto
necesita el campo ruso unos maestros buenos, inteligentes,
instruidos. Aquí en Rusia se les tendría que
dar unas ciertas condiciones especiales y esto hay que
hacerlo cuanto antes mejor si es que entendemos que,
sin una formación amplia del pueblo, el Estado se desmoronará
como una casa levantada con ladrillos mal cocidos.
El
maestro debe ser un artista, debe estar ardientemente enamorado
de su labor, y en nuestro país el maestro es un paria,
un hombre mal instruido que va al campo a enseñar a
los niños con la misma ilusión con la que iría
al destierro. Pasa hambre, se lo maltrata, está asustado
ante la posibilidad de perder su trozo de pan. En cambio,
haría falta que fuese el primer hombre de la aldea,
que supiera responder a todas las preguntas del campesino,
que reconocieran en él una fuerza digna de atención
y respeto, que nadie se atreviera a gritarle... a humillarlo,
como lo hacen todos.
Es
absurdo pagarle una miseria a la persona que está llamada
a educar al pueblo ¿me entiende?. ¡Educar
al pueblo! (
) ¡Qué absurdo y torpe país
es nuestra Rusia!.
En
las pasadas décadas se atendió poco y mal la
formación de maestros y profesores. Hoy los resultados
de las evaluaciones de conocimientos evidencian, más
que las escasas competencias de los alumnos, la debilidad
de la formación de los docentes. Y el problema se agravará
si no existe una política intencional de formación
y capacitación de los educadores. Para poder hacerlo,
se requiere reorganizar la carrera docente, el diseño
de programas efectivos de formación. Además,
atraer a docentes altamente calificados será muy importante,
ya que las oportunidades en otras áreas del mercado
laboral serán mayores para quienes tengan los mejores
perfiles.
Educación
de calidad, pero para qué sociedad. La enseñanza
que tenga lugar en nuestras escuelas debe estar bien sintonizada
con la nueva modernidad: formar ciudadanos responsables y
comprometidos con el cuidado del medio ambiente y el aprecio
por la diversidad cultural, preparar estudiantes para continuar
con su formación y brindar una educación relevante
en la transición hacia el mundo del trabajo. Más
aún, se requieren trabajadores competentes para la
labor en equipo, creativos, capaces de realizar tareas complejas,
tecnológicamente preparados y con manejo de idiomas.
¡Qué
absurdo y torpe el país que no cuida a sus docentes!
Más allá del reconocimiento, de la gratitud
y de la palmadita sobre el hombro a los profesionales de la
educación que tendrán a su cargo la formidable
labor de trasformar una nación, ¿cuánto
vale esa tarea?
Estoy de acuerdo, no tiene precio, y sé también
que los responsables de las políticas públicas
hacen el mejor esfuerzo. Mientras lo meditan, les comparto
una frase para la ocasión: Si usted cree que
la educación es cara, pruebe con la ignorancia
(Derek Bok).
En Internet: http://edimpresa.diariouno.net.ar/2008/03/09/nota174887.html
|