MOBBING ASCENDENTE

Un caso real

"Silvia, a primera vista, es una empleada como las demás . Tiene pinta de hacer su trabajo, de entenderse con sus colegas, de que "no hace aguas". Es lo que pensé cuando llegué a su despacho. Pero al cabo de unas semanas, comprendí que bajo tal apariencia tranquila, se ocultaba un auténtico combate entre Silvia y nuestro jefe, Andrés. En particular, me llamó la atención que en cada reunión, mientras Andrés deja que todo el mundo dé su opinión, Silvia apenas habla, y además adopta una actitud hostil, hosca, como si le aburriese. En todo caso, si Andrés se dirige a ella directamente, ella le responde amablemente en apariencia, pero se nota perfectamente que es ficticio, y él también se da cuenta.

En cuanto nos juntamos después de la reunión, Silvia empieza a discutir las decisiones de Andrés, o las nuevas consignas impuestas por la dirección del banco. Como es inteligente, tiene verdadero talento para dar con los puntos flacos. Después se las arregla para respetar los nuevos procedimientos, pero de un modo tan rígido y concienzudo, que acaba por enlentecer su trabajo considerablemente . Se da cuenta perfectamente, pero está claro que es el método que ha encontrado para "sabotear" el procedimiento, sin que se le pueda reprochar nada. Trata de persuadirnos de que tenemos que tener siempre presente que Andrés es menos competente que nosotros, y que el banco nos trata como si no pintáramos nada.

Evidentemente, si estás asiduamente con ella, uno se habitúa siempre a la misma cantinela y se llega a tamizar. Pero hace algunos meses consiguió influir sobre una joven recién contratada, Isabel, y la llegó a convencer de su punto de vista. Isabel, completamente "enardecida", se puso a discutir las decisiones de Andrés en la reunión, o a rechazar el trabajo suplementario. Andrés entendió rápidamente lo que había ocurrido: mandó llamar a Silvia para darle un repaso. Ella salió dando un portazo. Al día siguiente no vino a trabajar, y después supimos que había pedido una baja de quince días por enfermedad.

En ausencia de Silvia, Isabel se calmó y acabó por entender nuestro punto de vista: Andrés tiene sus defectos, pero es más bien un tipo legal, una buena persona, que se preocupa de que todo vaya bien. Cuando Silvia volvió, fuí a explicarle que, puesto que estabamos todos en el mismo barco, había que esforzarse por procurar un buen ambiente. Pero ella se negó a sentirse responsable del más mínimo conflicto. Andrés y las condiciones laborales eran los únicos responsables de la atmósfera enrarecida.

Volvió a fastidiar y boicotear las reuniones, a trabajar con retraso. Andrés acaba de pedir que la trasladen . Pero ella no lo acepta y se ha ido a denunciarlo a los sindicatos. El aire en la oficina se ha vuelto irrespirable.

Lo más curioso es que, fuera del despacho, Silvia es más bien simpática. Al principio íbamos juntas a veces al cine los fines de semana, o a hacer compras, y me resultaba amable y estaba de buen humor. Pero en cuanto llega al despacho se transforma en una bruja. En el fondo, yo creo que una parte de su problema es porque ella está más cualificada que lo que corresponde al trabajo que le asignan . Tiene un doctorado en história, lo que significa que tiene más estudios que cualquiera de nosotros. Pero debido al estado del mercado de trabajo, tiene que conformarse con este puesto administrativo. En lugar de asumirlo, o tratar de encontrar otra cosa, se dedica a desafiar a la jerarquía".

(Extraído de "Cómo tratar con Personas Difíciles" de François . Lelord y Christophe André )

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