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MOBBING HORIZONTAL
Tener que codearse con un paranoico agresivo en el trabajo o en la vida privada es a menudo una situación frustrante, agotadora y ocasionalmente peligrosa. " Hace meses que estoy en conflicto con Marcelo, más bién que él me tiene manía sin que yo sepa el motivo. O quizás sí creo saberlo: soy más joven y tengo mayor titulación, y las personas de otros servicios me consieran más que a él. Pero ayer por la mañana encontré que había depositado en mi casillero la copia de una carta que acaba de mandar a nuestro jefe de departamento . ¡Leyéndola me quedé estupefacto!. Describe toda una serie de comportamientos deshonestos que se suponía que yo habría tenido con él: habría acaparado a nuestra secretaria, habría intentado apropiarme de sus ideas para hacerlas pasar como propias, habría hablado mal de él a los representantes municipales para que no se volvieran a dirigir a él, y para teminar, me reiría de él con los compañeros jóvenes para desacreditarle. Me sentí como una furia. Sabía que no había una sola palabra de verdad en todo aquello: por cierto que yo daba trabajo a la secretaria, pero no con idea de acapararla. Nunca había hablado mal de él, considerando que la situación era de sobra difícil asi. Y nunca me he reído de él; más bien me entran ganas de cabrearme. Tras el enfado, me sentí intranquilo: yo sabía que todo lo que contaba era falso, pero su carta al jefe de departamento estaba extremadamente bien enfocada, escrita en un estilo jurídico y tenía aspecto muy convincente. Pedí una cita con el jefe urgentemente y me la concedió. Empecé a exponerle mi punto de vista, ya que la carta le mostraba la de Marcelo. Con gran sorpresa para mí, el jefe me escuchaba con aire de enojo, casi aburrido, y en lugar de darme su opinión, simplemente me recomendó que evitase los motivos de conflicto con Marcelo. Estaba más bien decepcionado. Hablé con otro compañero, que me explicó que el mismo jefe hace unos años había intentado trasladar a Marcelo a otro servicio. éste había movilizado inmediatamente a los sindicatos, había escrito una carta al periódico local, había amenazado con remitir una queja al defensor del pueblo y hasta había implicado a un diputado local. Había elaborado un expediente muy claro y convincente, como la carta que acababa de leer. La dirección prefirió renunciar, antes que desencadenar un conflicto interminable."
El paranoico se considera una persona respetuosa de la ley, que no desea sino la justicia, al igual que los grandes dictadores paranoicos, que creen obrar en bien de su pueblo cediendo en el exterminio de una parte para salvarle de la decadencia o la impureza. La mayor parte de los paranoicos sienten por lo demás una gran fascinación por leyes y reglamentos, y el estilo de sus cartas es con frecuencia jurídico, con demostraciones en puntos diversos de lo bien fundado de su postura. Sienten atracción por los procesos. Todos los abogados conocen bien este tipo de clientes, dispuestos a enrolarse en un procedimiento judicial por una causa que no merece la pena, y a gastar tiempo y dinero , incluso en contra de sus intereses.
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