1- Llega un jefe nuevo a la oficina o un compañero
nuevo, el acosador, o quizá es el acosado el que cambia de
destino y entra en un nuevo territorio laboral.
En
un primer momento no pasa nada especial. Solo se percibe de forma
sutil que el acosador no se comunica fácilmente con el acosado.
Es muy sutil y el acosado lo percibe subjetivamente pero no le da
importancia pues no hay nada objetivo que ocurra realmente, es solo
una cierta evitación en la comunicación.
Surgen
una o varias discrepancias entre acosador y acosado aunque el acosador
no lo da a entender, no manifiesta que lo sean, no se da por aludido,
pero en sí constituyen una pitada de falta (pone
de manifiesto arbitrariedades, actos faltos de ética
o de moral, injusticias, descubre prácticas erróneas
o corruptas, etc.) o se suscita algún tipo de envidia
de índole personal mas que profesional. Nada extraordinario
ni ajeno a la dinámica normal de un trabajo
2- El acosador comienza la alteración de
los canales de comunicación con el acosado
El acosador comienza la alteración de los canales de comunicación
con el acosado. No habla con él. Al tiempo
propicia el incremento de comunicaciones con todas las personas
que están en su entorno laboral, se lleva a cabo un puenteo
tanto de las relaciones ascendentes como descendentes en la línea
jerárquica del acosado que queda al margen, fuera, de esta
comunicación.
Se ha establecido un aislamiento técnico
del acosado. El acosador directamente o a través de terceros
propone al acosado el desarrollo de funciones y responsabilidades
muy por encima de lo que realmente le corresponde sin que se hable
de contraprestación alguna (falsa promoción). Si el
acosado se niega, por fin consigue de este modo un conflicto
esgrimible ante el grupo laboral: no me ha querido ayudar. Si lo
acepta se le abruma con labores que no están descritas para
su puesto de trabajo y se le pone a competir con otro al que se
le encomienda el mismo trabajo (control dual). Da igual lo que haga
y como lo haga, el del otro será el trabajo valorado, el
suyo no y el desgaste con el rival por la disputa de la parcela
laboral estará abierto. El acosador aparece ante el acosado
como un juez equivocado o mal asesorado
El acosador elimina totalmente los canales de información
del acosado. Le priva de elementos materiales de trabajo
(ordenador, teléfono, cursos de actualización, etc.)
o le altera su forma de comunicación tanto con sus jefes
como con sus subordinados; puede que ambas cosas. Si se le permite
asistir a algún curso de capacitación es sobre una
materia totalmente ajena a su trabajo. Las iniciativas del acosado
sobre su trabajo se boicotean y siempre es otro distinto
al acosador el que aparenta ser el responsable de los conflictos
y actos de boicot. Si hay varios niveles jerárquicos entre
ambos, los que aparecen como responsables de los conflictos siempre
son los otros: el acosador esconde la mano.
Se mantiene el estrés y empieza la ansiedad.
3-Cuando el acosado fuerza la situación
y obliga al acosador a hablar
Cuando falto de comunicación el acosado fuerza
la situación y obliga al acosador a hablar con él,
pues no hay ninguna guerra abierta, este desarrolla un sistema de
lenguaje paradójico con el acosado. Se le da verbalmente
o por escrito un doble y contradictorio mensaje que se percibe solo
subliminalmente, no de forma racional y consciente. Son siempre
mensajes ambivalentes que desestabilizan al acosado sin que
este llegue a saber porqué se da esta sensación de
inseguridad en sus muy escasas relaciones con el acosador
Se consolida el puenteo y aislamiento. Se empiezan
a boicotear los trabajos del acosado que hasta ahora eran considerados
por todos como satisfactorios y que de repente pasan a no ser considerados.
Se le desprestigia. De forma gradual se forma entorno al
acosador un grupo de críticas, calumnias, verdades a medias
hacia el acosado que se apercibe de ello, pero el acosador únicamente
da pie, son los demás los que le hacen el trabajo sucio.
Empieza un sutil aislamiento en el acosado propiciado por el orgullo,
la certeza de lo que es una buena y una mala forma de trabajar con
arreglo a su criterio, se dice: Este malentendido se esclarecerá
por sí solo. Únicamente quedan cerca del acosado los
incondicionales o amigos.
4-
Inicio de las consecuencias del síndrome de mediocridad inoperante
activa, MIA (José Luis González de Rivera
y Revuelta, Psiquis, 1997, 18 (6): 229-231)
Se consolida el gang de acoso. El
acosador, que es una persona carente de empatía, no conecta
emocionalmente con los demás, sin embargo desarrolla una
seducción estudiada, hábil y efectiva para
mantener la atención del grupo que en esta fase aparenta
una nube de moscas entorno a un pastel. A esta seducción
sucumben incluso algunos cercanos al acosado que empiezan a considerar
que hay una falta de comunicación propiciada por el acosado
respecto del acosador, -ya que nadie tiene ningún problema
de comunicación con el acosador, si el acosado lo tiene será
porque no quiere comunicarse-. Cuando el acosado dice no poder hablar
con el acosador por que no se le da oportunidad para ello, se interpreta
como una excusa para esconder un conflicto personal del acosado
con el acosador que ante los ojos de los demás es una persona
atractiva y encantadora. De forma injustificada y súbita
se incrementa la presión sobre el acosado. Se le piden
informes, actuaciones y gestiones para justificar su trabajo. Por
primera vez se da una discriminación objetiva frente a otros
trabajadores de igual responsabilidad que el acosado. El acosado
traslada parte de esta presión a sus subordinados que a su
vez la sienten en su piel y es percibida como una repercusión
injusta pues con ellos no va la guerra. Si el acosado tiene problemas
con el acosador, que lo resuelva con él; pero al acosado
le sigue siendo prohibido comunicarse directamente con el acosador
y en estas condiciones ya toda mediación es manipulada.
5- Se produce el cese del puesto de trabajo
Sin previo aviso y sin justificación se produce
el cese del puesto de trabajo si era de libre designación,
o una remodelación de responsabilidades que aparta al acosado
de su unidad laboral. Este acontecimiento no es avisado ni adelantado,
es totalmente sorpresivo. Se impide al acosado dar su versión
de lo sucedido a los demás y el acosador directamente o a
través de un tercero lanza el rumor de que había
algo turbio, o bien no se han acatado mis órdenes, o simplemente
si no hay otro que esgrimir, no era posible la comunicación
con él. El ambiente laboral ya era de aislamiento del acosado
desde antes del cese por eso cuando este se produce no solo no extraña
a nadie sino que los mejor pensados entienden que algo ha pasado
y que era ese algo lo que explicaba la anómala situación
previa al cese y que no se ha hecho trascender en que consiste exactamente
ese algo para no perjudicar aún más al acosado. En
definitiva se da un error de atribución. Los que formaban
parte del gang de acoso simplemente ven ratificadas sus expectativas:
al final el tiempo pone las cosas en su sitio.
El síndrome MIA (mediocridad inoperante activa)
que propicia el acosador y cuyos primeros síntomas ya habían
aparecido con anterioridad desde el principio, se desarrolla claramente:
Disminuye el rendimiento en la unidad de trabajo, se genera gran
cantidad de trabajo improductivo y burocracia en trámites
de control innecesarios propiciados por el acosador que por un lado
destruye todo lo creativo apartando a los mejores trabajadores y
promocionando a los mediocres, y por otro estableciendo una maraña
de medidas burocráticas de control encaminadas a la monitorización
de todo el personal, todo ello fomentado por el acosador que desconfía
de todos y pretende así llevar a cabo un control para que
todo pase por él. A pesar del aparente compadreo, que pronto
desaparecerá para reaparecer solo cuando haya de ser acosada
una nueva víctima, no se establecen verdaderos lazos afectivos
entre el acosador y los trabajadores pues se trataba solo de una
acción de seducción calculada para aislar al acosado;
una vez aislado ya no es necesaria y el acosador deja de propiciar
ese gang de cotilleo.
6- Estigmatización
Pocos son ya los compañeros o subordinados
que permanecen cerca del acosado. Se percibe claramente el peligro
de estar cerca de él. Únicamente aquellos con un alto
sentido de la amistad o de la fidelidad siguen a su lado y por ello
son objeto de constantes perjuicios en su trabajo. Se les valora
menos su labor. Las partidas subjetivas de sus honorarios se verán
drásticamente reducidas o eliminadas sin justificación
alguna. Son convertidos en carne de cañón. Si alguien
queda cerca del acosado será perjudicado en todo lo posible
por el acosador, solo depende la intensidad de su perjuicio
del grado de poder del acosador sobre ellos. Todos los demás
lo contemplan. El acosado debe quedar solo y los demás así
lo deben percibir.
No se le asigna trabajo o se le asigna un trabajo
muy por debajo de sus capacidades y funciones laborales reconocidas.
Cuando incluso de unos tan someros encargos intenta hacer un buen
trabajo, no se le reconoce el esfuerzo. Aunque lleve a cabo labores
sin medios, sin cursos, sin manuales, sin apoyo ninguno de personal
ni material, no se reconoce su trabajo y se le aparta de toda gratificación,
mención o reconocimiento. Nadie lo comenta pero todo el mundo
lo percibe, es muy importante que todos entiendan sin que se hable
de ello que no hay nada que se pueda hacer por el estigmatizado
Hace tiempo que el acosado procura por todos los
medios establecer por escrito sus comunicaciones para intentar cubrir
de legalidad todos sus actos, se sabe controlado, se le monitoriza
su horario, se le recortan las jornadas trabajadas, no se contestan
a sus correos electrónicos: se siente en peligro pero
no sabe porqué, percibe la inquietud, el desasosiego y la
soledad pero sigue sin encontrar una explicación. Al mismo
tiempo todo el personal se ha venido relajando en sus trabajos,
solo se cumplimentan exhaustivamente las labores de control de personal,
fichados de horarios e impresos rutinarios, pero el trabajo de entidad
disminuye o desaparece casi por completo. Se altera la estadística
artificialmente para maquillar los bajos resultados en rendimiento.
Con tal de llevar a cabo alguna labor en compañía
de algún compañero y para romper el aislamiento, el
acosado se ofrece voluntario para la realización de algún
trabajo manifiestamente inferior a su categoría profesional.
Puede ocurrir que nadie quiera compartir con él ese trabajo;
si alguien aún está junto a él y decide apoyarle
en ese empeño puede ser tremendamente perjudicado, se vierten
sobre él falsas acusaciones de negligencia, de mala calidad
de trabajo, etc. Quizá no es el acosador el que las formula.
A estas alturas ya no le hace falta al acosador desarrollar su violencia
directamente sobre él, los demás se encargan, serán
los compañeros celosos, los pelotas, los deseosos de agradar
al acosador los que le hagan el trabajo. Cualquiera que en este
estado perjudique al acosado se granjeará el favor del acosador
que pagará con privilegios y con gratificaciones el
trabajo de acoso y derribo. Quien haya osado ayudar o solo
estar al lado del acosado puede ser cesado, trasladado o expedientado
con el más mínimo pretexto
7- Eliminado
A estas alturas el acosado es considerado ya por
el acosador como eliminado, es entonces cuando quizá por
primera vez en todo el proceso de acoso cometa algún error
que deje rastro de su verdadera naturaleza. El acosador se
ha relajado un poco con respecto a su acosado y hace tiempo que
son otros los que le realizan el trabajo de acabar de machacar a
la persona estigmatizada. Continúa deseando su destrucción
pero al considerarlo ya eliminado, pues capta su deterioro, empieza
a buscar otro candidato para su siguiente festín. Acaso
encuentre a su próxima víctima entre aquellos que
habían colaborado a aislar y dañar a su acosado. En
esta fase quizá otras personas del entorno laboral han ido
desarrollando una cierta tensión laboral, un estrés
del que nadie conoce su origen, lleva ya tiempo quizá esta
nueva víctima siendo objeto de los mensajes paradójicos
y de la violencia psicológica del acosador que es técnicamente
un asesino en serie, no se contentará con una sola presa,
irá buscando más y más pues su narcisismo perverso
requiere que se vaya renovando la víctima para ir alimentándose
de sus presas. El depredador no parará. En esta fase
el acosado ya no existe, ya nadie cuenta con él y es posible
que se le haya excluido de los organigramas de la organización,
que no figure en las listas de distribución de correo, que
su correspondencia no le llegue o que su nombre sea borrado de un
casillero, se le desaloje de su despacho, etc., aunque ya no se
trata de la acción directa del acosador sobre él,
simplemente para todos ha desaparecido.
En su centro de trabajo ya nadie se para a pensar
en el acosado. Increiblemente se le permite pulular por donde quiera,
es una especia de zombi con patente para no hacer nada. Entra,
sale, nadie le pregunta que hace ni a qué se dedica. Quizá
una persona le enciende la luz del despacho para que crean que ha
venido y no va a trabajar, quizá le quede alguien que le
ficha la entrada y la salida, no lo notan porque ya no existe. A
venido faltando a trabajar en muchas ocasiones pero se ha resistido
a coger una baja prolongada. Ya no puede más y se da de baja
a intentar solventar su depresión. El acosado ha intentado
irse de la organización en que trabaja, ha pedido cubrir
plazas de menor categoría que la suya, si no se la conceden
habrá intentado cambiar su ámbito de trabajo para
salir de su esfera laboral, si no lo consigue ha perdido su ultimo
tren hacia la libertad, en ocasiones no es aceptado en otro puesto
de trabajo porque su acosador informa negativamente de él,
quiere seguir viéndolo destruido.
Tras la baja por depresión, en la vuelta
al trabajo las humillaciones y vejaciones son ya cotidianas
y se dan de forma automática, ni siquiera son ya malintencionadas,
no hace falta, surgen de forma espontánea pues el grupo reconoce
que el acosado ya no existe profesionalmente hablando. Se ha eliminado
al acosado, no se le pasan a la firma documentos que ávidamente
otros jefes o subordinados se aprestan a cumplimentar, su escalón
jerárquico se ha eliminado, a él no lo sustituye nadie;
él no sustituye a nadie, otros lo hacen: se ha eliminado
su nicho ecológico/laboral. Si le comenta a algún
compañero su malestar el comentario es rápido ¿no
estarás estresado ahora, verdad?, porque vives como un cura,
ya me gustaría a mi...
Las consecuencias del desarrollo del MIA
(Síndrome de Mediocridad Inoperante Activa) son
evidentes a estas alturas, el absentismo laboral se ha incrementado
muy notablemente, en general todos los que dependan jerárquicamente
del acosador rinden notablemente menos pero han de superar más
controles formales de su actividad mayor burocracia. En este ambiente
toda idea nueva, brillante, renovadora, será rechazada por
el grupo en el que se instaura en una cómoda y gris medianía
sin grandes aspiraciones laborales.
Si todavía no ha sido sancionado por bajo
rendimiento o por errores cometidos en su trabajo lo será
pronto. Ha pasado de no existir a ser algo desagradable para el
grupo laboral. Es una persona huraña, mezquina, solitaria
y agresiva.
( Extraído de la web de anamib :www.anamib.com,)