ACOSO VECINAL

PUERTO RICO: Marcada por el acoso de vecinos

Doña Bárbara cuenta el abuso que recibía de sus vecinos adolescentes, entonces de 16 y 17 años. A la derecha, muestra el daño en sus ojos que recibió cuando le lanzaron cloro. (Primera Hora / Heriberto Castro)
Marcada por el acoso de vecinos
lunes, 5 de noviembre de 2007
Libni Sanjurjo Meléndez / Para Primera Hora


 

Le lanzaron piedras, cloro en un ojo y aerosol para adormecerla; mancharon su residencia con pintura, le ensuciaron su terraza con excremento de caballo y se treparon en su techo. También le decían “palabras que no se pueden repetir”.

Le hicieron mucho daño. Sentía miedo y ansiedad, al punto de que temió por su vida.

Al principio, Bárbara Pérez, de 77 años, no se atrevía a contarles a sus dos hijos que era víctima de maltrato. Ella pensaba que la reacción de ellos podía provocar una tragedia.

“Yo podía aguantar el maltrato, pero ellos no lo iban a sobrellevar”, creyó.

Optó, mientras tanto, por mantenerse encerrada en su propia casa, donde vivía sola desde 1959.

Los ejecutores del acto maltratante estaban muy cerca. Eran sus vecinos adolescentes, de 17 y 16 años, quienes actualmente tienen alrededor de 21 años.

“Yo estaba perdiendo la esperanza de que yo lograra estar hoy aquí. Pensé que me podía morir y pensé también que me tenía que ir, vender la casa e irme”, manifestó a PRIMERA HORA.

“Me dio una ansiedad... perdí por dos años o tres la confianza en todo ser humano... me deprimí mucho”, confesó.

En una ocasión, Pérez pensó que uno de los jóvenes iba a abusar de ella sexualmente porque entró a la casa con un bóxer, mientras el otro se quedó en el exterior.

“¿Qué te pasa a ti?”, le cuestionó la anciana al joven, y acto seguido “lo empujé y cuando lo empujé cogí la manguera y se la pegué... me vi en un peligro... (imagínate) que a la edad de uno, uno sea violado por una persona que sea menor de edad... pero yo siempre pensé que le daban órdenes para otro reírse”.

VALIENTE DECISIÓN

Pero, parece que a doña Bárbara no la amilana nada ni nadie, ni siguiera el cáncer de útero que estaba combatiendo o el accidente laboral que impidió que en el 1971 continuara trabajando en una fábrica de costura en Aguas Buenas.

Sin que sus dos hijos de 52 y 54 años de edad se enteraran, Pérez decidió buscar ayuda para terminar con la agobiante situación. “Yo no quería hacerle daño a nadie pero no me podía dejar matar”, recordó la anciana, practicante del cristianismo.

Así que en el 2003 decidió buscar -sin rumbo fijo- algún número de teléfono en las páginas de la guía telefónica para pedir orientación o ayuda social. La incierta búsqueda la condujo a un asilo de ancianos en Caguas desde donde la refirieron a la Procuraduría de las Personas de Edad Avanzada.

La intervención de la dependencia gubernamental viabilizó que un tribunal emitiera una orden que prohibía que los adolescentes se acercaran a su residencia.

Éstos, sin embargo, volvieron a aproximarse al hogar de la anciana luego que expirara la orden de alejamiento, que duró un año. No fue hasta que cumplieron los 18 años -ya no viven en sus respectivas casas- que doña Bárbara dejó de sufrir el maltrato de sus vecinos.

“La Policía había venido y había cooperado, pero cuando la Policía iba a medio kilómetro de mi casa ellos volvían. Pero cuando llegó la (ayuda de la) procuradora de las Personas de Edad Avanzada, yo conocí los derechos que yo podía tener, que hay que considerar al que está al lado de uno, pero no dejarse maltratar”, sostuvo.

Pérez había comentado las acciones del dúo a los familiares, pero ello no ayudó a detener el maltrato. Ella cree que los jóvenes recibían instrucciones de un adulto de unos 60 años, residente en la comunidad.

VIVE EN PAZ

Hoy, la alegre, amable y hospitalaria septuagenaria recomienda a las personas de edad avanzada que sufren de algún tipo de maltrato, a que busquen ayuda y conozcan sus derechos. Pero para ello, es necesario que sus quejas sean escuchadas, reclamó.

“Gracias a Dios, ya todo eso pasó en mi vida y en mi mente”, aseguró Pérez, quien dice apreciar la paz que ahora siente.

También espera muchas cosas buenas de la vida, pese a que los años siguen pasando y las fuerzas no son las de antes. “Hay mucha, mucha esperanza para nosotros... Si la gente supiera que a uno le queda mucho por aportar a ustedes los jóvenes”, sentenció.

 

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