El
presidente de la Fundación San Antonio,
juzgado ayer tras la denuncia de acoso laboral por dos ex
profesores, José Luis Mendoza, que gestiona la Universidad
Católica de Murcia (UCAM) de titularidad diocesana,
es un viejo conocido de los profesores y ex rectores de
la Universidad de Murcia (UMU). También de algunos
periodistas tras el fracaso de sus pretensiones mediáticas
con una agencia de noticias y una emisora de televisión.
Ahora pretende montar un periódico diario para competir
con los tres existentes.

Al
parecer Mendoza estuvo involucrado años atrás
en un feo asunto de supuestos falsos títulos de enfermería,
que le aconsejó poner mar de por medio y trasladarse
a vivir durante una larga temporada a la República
Dominicana bajo la excusa de una llamada de Dios
para construir un templo. Allí se enfrentó
enseguida a las autoridades eclesiásticas y tuvo
que regresar a Murcia, cargado con diez hijos y una esposa
de Albatera, pese a las recomendaciones policiales. Lo cierto
es que no le sucedió nada.
Perteneciente
al Movimiento Neocatecumenal, el cartagenero Mendoza le
disputa ahora ser canonizado al mismo fundador de esa obra
seglar, el leonés Kiko Argüello, cuando ha iniciado
desde hace más de un año la persecución
de los profesores de la UCAM miembros del Opus Dei con la
excusa de que también son masones y quieren acabar
con su gloriosa obra docente. Las diócesis circundantes
de Orihuela, Albacete y Almería le han negado, hasta
la fecha, abrir sucursales en sus respectivos ámbitos
territoriales precisamente por no estar convencidos de la
santidad de la que tanto presume y mucho menos de su competencia
como gestor educativo.
El obispo Reig Pla parece dejarle hacer aunque Mendoza tuvo
sus diferencias con el anterior Manuel Ureña al no
aportar los recursos económicos a la diócesis
de Cartagena, que esta necesita y por lo que en su día
se fundó la UCAM para acabar de una vez por todas
con una situación de quiebra técnica. Nuestro
hombre aprovechó esa necesidad para poder burlar
al Ministerio de Educación y montar una universidad
privada revestida de católica sin serlo
en realidad, como ahora denuncian sus profesores insinuando
que nos podemos encontrar ante un enorme fiasco.
Su gran mentor e introductor público, el obispo emérito
Javier Azagra, aparece como el responsable último
ante el Vaticano de la puesta en circulación de este
singular personaje con estudiada pose de iluminado para
así poder embaucar mejor a santos varones como el
actual nuncio en Madrid, el portugués Monteiro de
Castro. Su gran aliado hoy es el cardenal primado y arzobispo
de Toledo, monseñor Cañizares, mientras es
utilizado en ocasiones por el arzobispo de Madrid, monseñor
Rouco, al tiempo que su gran valedor en Roma es el cardenal
colombiano, López Trujillo.
Mendoza, dentro de su lógica habitual, alardea falsamente
de haber estudiado Medicina cuando el único currículo
académico de la infancia es su fugaz paso por las
Carmelitas de Cartagena y el haber sido un menor, explotado
laboralmente al tener que trabajar, junto a su hermano menor
Vicente, en el viejo bar que su familia poseía en
el centro de la ciudad. Siempre se ha ganado la vida en
lo que ha podido desde la picaresca aprendida mientras fregaba
los platos y escuchaba a los clientes. Esa es su escuela.
Identificado políticamente con la extrema derecha
regional que sostiene a Valcárcel en el poder, hace
unos días el presidente de la Comunidad Autónoma
escenificó un apoyo público a Mendoza y a
la UCAM, en sus horas más bajas desde hace diez años.
Una discreta inspección ministerial parece haber
detectado en las últimas semanas numerosas irregularidades
en la expedición de títulos después
de que varios profesores denunciaran prácticas académicas
un tanto heterodoxas y la degradación acelerada del
peculiar centro docente.

El pasado verano se produjo un éxodo masivo de buenos
profesores para no ser relacionados con la acelerada pérdida
de calidad de las enseñanzas impartidas mientras
Mendoza convertía la UCAM en un recinto policial
para vigilar a los profesores que optaron por permanecer
todavía vinculados al centro pero en espera de soluciones
por parte de monseñor Reig, que todavía no
han llegado. Según algunos de esos docentes, la situación
de tesorería también sería desastrosa
y pone en peligro el normal funcionamiento de su actividad
dentro del presente curso académico.
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