Exterminio mental

Mediante un fenómeno de proyección, el odio del agresor es proporcional al odio que él mismo imagina en su víctima. La ve como un monstruo destructor, violento y nefasto (…). El agresor le atribuye una intencionalidad malvada y se anticipa agrediendo él en primer lugar.

Marie-France Hirigoyen

 

Grillete al rojo vivo,

dislocación de los brazos,

carne chamuscada por el fuego,

galera nauseabunda,

espalda destrozada a latigazos.

Instrumento que despotrica un alarido,

la virgen Nüremberg,

cercenar los dedos,

lastimar las pupilas con ardientes hierros.

 

Bastó un señalamiento,

y cayó de la mano un mirasol y un carrizo,

de la pierna se esfumó la estrella,

del horizonte un bambú, la noche tierna…

sólo en el vientre el dolor que retuerce el final de un nervio,

y se apodera de las arterias de la vida el miedo.

 

En la boca una alabanza contraveneno

bastó un señalamiento,

el corazón late en el dolor…

y una vida fue despedazada en la cama del tormento.

 

Las puntas de pera que cortan gargantas y cervix

los afilados picos de la horquilla sobre el esternón,

la soga que mueve de un lado a otro la cabeza bruscamente,

alimento salado…

agua sucia de la inquisición.

 

Señaló un dedo,

para los verdugos es suficiente,

detienen a la mujer, al hombre,

los confinan a inmundas barracas

y repitiéndose mil veces la mentira en verdad convierten.

 

Y una vida despedazada en la cama del tormento,

acusado de hereje, acusada de bruja,

basta para los inquisidores sólo un señalamiento.

 

Y del garrote vil,

del desgarramiento de senos,

del aplastamiento de pulgares y piernas,

del sangrar el cuerpo de una "bruja",

del vaciarle la humanidad por las venas.

 

De la tortura que destaza cuerpos,

que mutila la lengua con púas filosas de máscara infamante…

del suplicio del desgarro de senos…

al tormento que ni siquiera toca…

pero todo lo desgarra,

todo lo destroza…

 

De violentar un cuerpo físicamente,

a la mirada despectiva,

a la insinuación cotidiana,

a la humillación corriente.

 

De la perversión de la violencia

a la violencia perversa que todo pervierte…

que deja desprotegido el susurro de una mariposa,

el vuelo de sus alas transparentes.

 

Del sufrimiento físico,

a cargarse al lomo la herramienta,

el cansancio, el insomnio… el bajo salario,

el rumor que a espaldas la vida cercena,

cargar con el lenguaje paradójico permanente

con la burla cotidiana,

las actitudes aparentemente inofensivas,

que en martirio la vida misma convierten.

 

Y ríe el tirano perverso,

y las lágrimas en el corazón de la víctima se alojan

entre el calabozo frío que inhóspito la envuelve,

y no quiere que de día sea,

y no quiere que de noche sea…

y en el fango de la desdicha el cuerpo se le retuerce…

y estalla la cabeza…

 

Y no endulzan la vida ni los panales de miel,

no aparece la solidaridad del cocodrilo,

del mono de la cara blanca,

del ahuehuete, del oyamel.

 

A los mudos testigos los moja la cobardía de su mutismo.

¿Será la envidia quien los mueve al silencio?

¿La satisfacción sádica de un espectáculo siniestro?

¿Será el temor a las represalias del perverso?

 

El suplicio de la violencia psicológica a todos nos moja…

a la víctima el cuerpo, la mente, el sentimiento...

La violencia perversa de ignominia a la humanidad moja.

 

Y la marginación, el aislamiento, la tenebrosidad al tiempo

a la humanidad deja retorcida,

queda la humanidad corrompida.

 

Y señalan y rumoran

y culpabilizan a la víctima

y es la cobardía la defensa del que marca

a quien es secretaria, a quien es obrero,

al que es estudiante, al quien es carpintero…

 

El silencio es cómplice del que manipula,

del que acosa, del que miente…

cómplice el silencio siempre.

 

Del tormento inquisitorio de los cuerpos,

del crisparse los dolores en los nervios,

al tormento psicológico en que la vida poco a poco se pierde.

Y ni siquiera te tocan para destrozarte

pero atacan en horda y te mutilan la mente.

 

Del sufrimiento de la carne,

a cargar con la mochila, el libro, el cuaderno…

y con la desestabilización psíquica

y con el sarcasmo hiriente.

Y en turba acosan,

asedian en guerra psicológica…

evitan la comunicación,

niegan el conflicto,

y se esconden en la infamia siempre.

 

Y la humanidad se deshumaniza en la tortura,

en infligir dolor intencionado física o psicológicamente.

Y lo amas…

piensas que ha de cambiar,

crees que es normal, natural esa violencia,

y te niegas a ver las cicatrices que te deja su desdén,

las horas pavorosas vienen…

y lo amas… y en tu asesino psíquico se convierte.

 

Acoso en la pareja, en el trabajo, en la política, en la escuela.

No quiere el torturador psicológico que las manos se le manchen...

pero es de sangre la palabra, la mirada es de sangre.

De violencia perversa son las llamas del infierno en una universidad,

en la calle, en el transporte, en la plaza,

y transforma en calabozo infrahumano la oficina, el jardín… la casa.

 

Ocho de la noche.

No consuelan las olas del mar la angustia,

ni la brisa fresca del bosque siempre verde,

no consuela el humedal las ansiedades,

ni el canto de la cigarra…

ni el vuelo de las aves…

 

No sabes si verás otra vez la primavera…

No hay duda, el corazón al dolor embarrado queda…

¿Qué he hecho para merecer esto?

Lanzas como alarido la pregunta,

nadie contesta…

 

Fingen no mirarte,

y rumoran a tus espaldas,

y niegan el conflicto,

te acusan de paranoica,

y te dejan paralizada…

Y no te hablan,

y ni siquiera te tocan…

y te estalla la mente…

y te duele hasta el respirar,

hasta el respirar te duele.

 

Y sientes que los minutos en el terror se pierden,

y una desesperanza inaguantable te acongoja,

y la impotencia hace que las manos tiemblen…

Parece que te vencen,

que todos los caminos están cerrados,

que no habrá tiempo para la alegría…

sólo piensas en la muerte.

 

Ni siquiera te tocan…

Y sus frías y calculadas denigraciones

te hacen estallar la mente…

Y te duele, y te duele…

respirar te duele.

 

Autora: Mariela Loza Nieto

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