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Grillete
al rojo vivo,
dislocación
de los brazos,
carne
chamuscada por el fuego,
galera
nauseabunda,
espalda
destrozada a latigazos.
Instrumento
que despotrica un alarido,
la
virgen Nüremberg,
cercenar
los dedos,
lastimar
las pupilas con ardientes hierros.
Bastó
un señalamiento,
y
cayó de la mano un mirasol y un carrizo,
de
la pierna se esfumó la estrella,
del
horizonte un bambú, la noche tierna
sólo
en el vientre el dolor que retuerce el final de un nervio,
y
se apodera de las arterias de la vida el miedo.
En
la boca una alabanza contraveneno
bastó
un señalamiento,
el
corazón late en el dolor
y
una vida fue despedazada en la cama del tormento.
Las
puntas de pera que cortan gargantas y cervix
los
afilados picos de la horquilla sobre el esternón,
la
soga que mueve de un lado a otro la cabeza bruscamente,
alimento
salado
agua
sucia de la inquisición.
Señaló
un dedo,
para
los verdugos es suficiente,
detienen
a la mujer, al hombre,
los
confinan a inmundas barracas
y
repitiéndose mil veces la mentira en verdad convierten.
Y
una vida despedazada en la cama del tormento,
acusado
de hereje, acusada de bruja,
basta
para los inquisidores sólo un señalamiento.
Y
del garrote vil,
del
desgarramiento de senos,
del
aplastamiento de pulgares y piernas,
del
sangrar el cuerpo de una "bruja",
del
vaciarle la humanidad por las venas.
De
la tortura que destaza cuerpos,
que
mutila la lengua con púas filosas de máscara
infamante
del
suplicio del desgarro de senos
al
tormento que ni siquiera toca
pero
todo lo desgarra,
todo
lo destroza
De
violentar un cuerpo físicamente,
a
la mirada despectiva,
a
la insinuación cotidiana,
a
la humillación corriente.
De
la perversión de la violencia
a
la violencia perversa que todo pervierte
que
deja desprotegido el susurro de una mariposa,
el
vuelo de sus alas transparentes.
Del
sufrimiento físico,
a
cargarse al lomo la herramienta,
el
cansancio, el insomnio
el bajo salario,
el
rumor que a espaldas la vida cercena,
cargar
con el lenguaje paradójico permanente
con
la burla cotidiana,
las
actitudes aparentemente inofensivas,
que
en martirio la vida misma convierten.
Y
ríe el tirano perverso,
y
las lágrimas en el corazón de la víctima
se alojan
entre
el calabozo frío que inhóspito la envuelve,
y
no quiere que de día sea,
y
no quiere que de noche sea
y
en el fango de la desdicha el cuerpo se le retuerce
y
estalla la cabeza
Y
no endulzan la vida ni los panales de miel,
no
aparece la solidaridad del cocodrilo,
del
mono de la cara blanca,
del
ahuehuete, del oyamel.
A
los mudos testigos los moja la cobardía de su mutismo.
¿Será
la envidia quien los mueve al silencio?
¿La
satisfacción sádica de un espectáculo
siniestro?
¿Será
el temor a las represalias del perverso?
El
suplicio de la violencia psicológica a todos nos moja
a
la víctima el cuerpo, la mente, el sentimiento...
La
violencia perversa de ignominia a la humanidad moja.
Y
la marginación, el aislamiento, la tenebrosidad al
tiempo
a
la humanidad deja retorcida,
queda
la humanidad corrompida.
Y
señalan y rumoran
y
culpabilizan a la víctima
y
es la cobardía la defensa del que marca
a
quien es secretaria, a quien es obrero,
al
que es estudiante, al quien es carpintero
El
silencio es cómplice del que manipula,
del
que acosa, del que miente
cómplice
el silencio siempre.
Del
tormento inquisitorio de los cuerpos,
del
crisparse los dolores en los nervios,
al
tormento psicológico en que la vida poco a poco se
pierde.
Y
ni siquiera te tocan para destrozarte
pero
atacan en horda y te mutilan la mente.
Del
sufrimiento de la carne,
a
cargar con la mochila, el libro, el cuaderno
y
con la desestabilización psíquica
y
con el sarcasmo hiriente.
Y
en turba acosan,
asedian
en guerra psicológica
evitan
la comunicación,
niegan
el conflicto,
y
se esconden en la infamia siempre.
Y
la humanidad se deshumaniza en la tortura,
en
infligir dolor intencionado física o psicológicamente.
Y
lo amas
piensas
que ha de cambiar,
crees
que es normal, natural esa violencia,
y
te niegas a ver las cicatrices que te deja su desdén,
las
horas pavorosas vienen
y
lo amas
y en tu asesino psíquico se convierte.
Acoso
en la pareja, en el trabajo, en la política, en la
escuela.
No
quiere el torturador psicológico que las manos se le
manchen...
pero
es de sangre la palabra, la mirada es de sangre.
De
violencia perversa son las llamas del infierno en una universidad,
en
la calle, en el transporte, en la plaza,
y
transforma en calabozo infrahumano la oficina, el jardín
la casa.
Ocho
de la noche.
No
consuelan las olas del mar la angustia,
ni
la brisa fresca del bosque siempre verde,
no
consuela el humedal las ansiedades,
ni
el canto de la cigarra
ni
el vuelo de las aves
No
sabes si verás otra vez la primavera
No
hay duda, el corazón al dolor embarrado queda
¿Qué
he hecho para merecer esto?
Lanzas
como alarido la pregunta,
nadie
contesta
Fingen
no mirarte,
y
rumoran a tus espaldas,
y
niegan el conflicto,
te
acusan de paranoica,
y
te dejan paralizada
Y
no te hablan,
y
ni siquiera te tocan
y
te estalla la mente
y
te duele hasta el respirar,
hasta
el respirar te duele.
Y
sientes que los minutos en el terror se pierden,
y
una desesperanza inaguantable te acongoja,
y
la impotencia hace que las manos tiemblen
Parece
que te vencen,
que
todos los caminos están cerrados,
que
no habrá tiempo para la alegría
sólo
piensas en la muerte.
Ni
siquiera te tocan
Y
sus frías y calculadas denigraciones
te
hacen estallar la mente
Y
te duele, y te duele
respirar
te duele.
Autora:
Mariela Loza Nieto
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