Me
imagino a Luis Andrenio...
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CARMEN
MENÉNDEZ
"hombres
que los veo encadenados y sordos; encadenados por un sistema,
y sordos por sobra de disciplina y falta de la imprescindible
dosis de locura". Federico García Lorca
Recién terminada la carrera de Medicina, en las postrimerías
del franquismo y el alumbramiento de la democracia: pelo largo,
pantalones de pana. Y después, participando en la construcción
de un sistema público de salud para todos, y seguro
que Luis contaba entre sus amigos con psiquiatras que también
lucharon por la reforma psiquiátrica, por la desaparición
de los manicomios, por la dignificación del «loco»
mediante la implantación de las nuevas ideas traídas
de Italia e Inglaterra (Bassaglia, Laing, Cooper), que en
Asturias quizá se aplicaron con más radicalidad.
Me imagino a Luis, años más tarde, trabajando
sin descanso (eso nadie lo duda) para acercar la asistencia
médica a los enfermos (centros de salud). Bien, pues
cuando los demás, la mayoría, dieron por terminada
la reforma sanitaria, después de haber conseguido un
ejemplar sistema público de salud, uno de los mejores,
si no el mejor de Europa, para Luis comenzaba la verdadera
reforma: tenía la estructura (centros de salud, hospitales)
y medios tecnológicos, ahora ya sólo le quedaba
hacer lo que siempre habían hecho los médicos,
para lo que él había estudiado y por lo que
había luchado: atender bien a los enfermos, escucharlos
y poner cuantos remedios materiales y humanos estuvieran a
su alcance para curar o, por lo menos, paliar sus sufrimientos.
Pero Luis no contaba con que había otro enemigo: los
cinco minutos. Y miró a su alrededor, y formó
y forma parte activa de la Plataforma Diez Minutos por Paciente
(creada en junio del año 2000).
Y
mientras la plataforma sigue con su lucha él decide
poner la reivindicación en práctica (al igual
que en la obra «Un enemigo del pueblo», de H.
Ibsen, que hace unos meses pude ver en el teatro Jovellanos),
porque pensaba Luis: qué sentido había tenido
todo lo anterior si al final no podía atender a los
enfermos como necesitaban. Y empezó a ejercer su labor
en solitario, y tuvo problemas, no con los enfermos, no, que
estaban encantados, sino con sus compañeros; quizás
estaba dolido, quizá se le había agriado el
carácter (con los pacientes no, sólo con los
compañeros), quizá se sentía estafado,
quizá decepcionado, no lo sé yo ni lo sabe nadie
(secreto de sumario), y, claro, ¿qué funcionario
pasados los 50, edad en la que el síndrome del «quemado»
hace estragos y en la que toda persona «normal»
empieza a pensar en la que supone la dorada jubilación,
quién, me pregunto yo, y como yo se preguntó
el gerente de primaria del área V, puede querer trabajar
a destajo, enfrentarse a sus compañeros, en base a
unas ideas que lo lógico es que se hubieran ido quedando
por el camino? Está claro que solamente un loco haría
una cosa así (nada, las ideas de Bassaglia, Laing y
Cooper sirvieron para cerrar los manicomios, pero no para
cambiar el concepto de locura).
Pero
entonces el Sespa pensó que quizás el sistema
de Salud Mental (que no puede impedir desgracias como las
recientes en Mieres o en Gerona) podía examinar al
doctor Andrenio para, quizás, argumentar la no salud
mental del doctor (me vienen imágenes escalofriantes
de otros países, de otros años). Pero Luis dijo
que no, que no necesitaba un psiquiatra, que estaba perfectamente,
que sólo quería atender bien a sus enfermos.
Y entonces, sin pérdida de tiempo, se le comunicó
la sanción: tres meses de suspensión de empleo
y sueldo (la mayor prevista) y cambio al centro de salud de
Tremañes (esto último no acabo de entenderlo:
¿será para que se vayan turnando los compañeros
en soportarlo o porque en este centro supone la gerencia que
sus trabajadores son más tolerantes?). Y se ejecutó
de inmediato la sanción.
Pero he aquí que en toda esta historia nadie contó
con otro protagonista, en realidad el principal y único
protagonista: el paciente, los pacientes, que no estaban de
acuerdo con la máxima de «todo para el paciente
pero sin el paciente», que se organizaron y ahí
están, y ellos mismos dicen que va a ser difícil
cambiar la sanción, pero esperan que alguien los llame,
que los tengan en cuenta, porque (¡diablos!) ellos son
los que padecen, padecemos, los cinco minutos y sus consecuencias;
y yo añado que sí que va a ser muy difícil,
porque aunque muchos ciudadanos los apoyan y por eso firman,
no están en ningún sitio, su voz no se oye,
pero quizá sea hora, porque yo sé que los médicos
(la mayoría) se quejan de que no pueden atender bien
a sus enfermos, de que el tiempo es escaso y el control excesivo.
Pero es difícil atreverse a levantar la voz en un sistema
que tiene mucho de bueno, pero que si la burocracia, totalitaria
y anuladora, sigue imponiéndose, irá haciendo
inútil progresivamente lo que tantos años costó
construir y por lo que tantos médicos, personal sanitario
y ciudadanos han luchado: un sistema público de salud
para todos, y de calidad. Porque en el fondo, incluso los
que están apoyando las medidas tomadas contra el doctor
Luis Andrenio, todos queremos que en nuestro centro de salud
nuestro médico de cabecera sea un Luis Andrenio González.
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1771_35_560631__Gijon-imagino-Luis-Andrenio
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Luis
Andrenio González González: El Médico
Trabajador
Es lógico que a este médico de Seguridad Social
lo hayan castigado, le hayan suspendido de empleo y sueldo
y lo envíen, alejado, a Tremañes. Es comprensible,
porque es políticamente incorrecto. Dentro
de esta Comunidad Autónoma hay que someterse
a la Normas dictadas desde las Consejerías o las disposiciones
venidas desde el Gobierno Socialista de Zapatero.
El
médico que se salta las Normas y atiende a un paciente
durante más de cinco minutos es avisado, reprendido
y, si persiste, es sancionado y condenado.
Andrenio,
por tanto, es culpable y debe ser condenado.
El
caso está teniendo repercusión en toda la prensa
nacional, porque pone en tela de juicio un sistema que manipula
el espíritu de la Ley. Pues la Ley es la ordenación
de la razón para el Bien Común, mientras
que muchos Reglamentos Administrativos están redactados
por funcionarios, con Forma, pero olvidando el Fondo.
La
sanción de tres meses de suspensión de empleo
y sueldo y el traslado de su consulta a Tremañes se
inició por una discusión que Luis Andrenio González
tuvo con la jefa de administración del centro de salud
de La Arena. Venía denunciando desde 1998 deficiencias
e irregularidades que ocurrían en el Parque-Somió,
como el hecho de que varios trabajadores abandonaran hora
y media el centro para irse a desayunar o hacer la compra,
cosa habitual entre muchos funcionarios de toda España.
Luis
Andrenio, expedientado por el Servicio de Salud del Principado
por su quebramiento de las Normas, fue un médico de
Gijón que aceptó, hace 25 años, pasarse
del viejo modelo de Ambulatorio al sistema de Centros de Salud.
Por aquellos años, Luis Andrenio González, médico
que cursó sus estudios universitarios en la Facultad
de Medicina de Oviedo, trabajaba en el ambulatorio Puerta
de la Villa, de Gijón. Eran tiempos en los que los
médicos de la Seguridad Social apenas dedicaban dos
horas a ver pacientes en consulta y donde la cita para el
facultativo se recogía en el mostrador. Entonces, fueron
muchos profesionales los que se negaron a cambiar de sistema
de trabajo. El Insalud lo ponía como un ejemplo a seguir,
dicen ahora en el Colegio de Médicos de Asturias.
Miembro activo de la Plataforma Diez Minutos -agrupación
que lucha contra la saturación en los centros de salud-,
en sus treinta años de ejercicio profesional se ha
ganado seguidores y detractores. Es un médico al que
le gustan las cosas bien hechas. La Consejería de la
Salud del Principado debería seguir poniéndolo
como ejemplo a seguir por todos.. pero, en vez de ponerlo
como ejemplo, lo sanciona.
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El
Sespa quiso que se sometiese a un reconocimiento médico,
aduciendo que podría sufrir un trastorno mental que
le impide relacionarse de forma normal con algunos compañeros
de trabajo. Su negativa a pasar por un examen psiquiátrico
ha sido interpretada como un acto de desobediencia al Sespa...
sin comprender que esa negativa es lo normal en un médico
que no puede consentir que en su expediente figure el certificado
de cordura, dado por otros médicos que actúan
como Comisarios Políticos. Sobre todo,
cuando el mismo Andrenio ha participado en varios foros de
psiquiatría.
Quienes conocemos a Andrenio sabemos que nada tiene de loco,
que es un hombre equilibrado, optimista y abierto a la amistad.
Cuando cantaba como tenor, bajo las órdenes de Carlos
Sanpedro, en el Orfeón del Grupo Covadonga, su voz
era bien modulada, segura, cultivada. Ahora sigue cantando
en la Coral Polifónica Gijonesa Anselmo Solar, con
el mismo equilibrio, la misma simpatía. Nadie que le
conozca puede pensar que está desequilibrado.
Pero el castigo de suspensión de empleo y sueldo, según
las Normas vigentes, lo tiene bien merecido, porque aquí
en Asturias, hoy, hay que someterse a las Normas, tanto en
materia de Sanidad, como de Cultura, como de Enseñanza
y Educación.
Vivimos en una Comunidad que presume de haber realizado los
primeros abortos oficiales de España, que financia
una Sociedad de Bioética promovida por los mismos que
defendieron esas Leyes de interrupción del embarazo.
Una Sanidad que financiará las operaciones de cambio
de sexo, pero no tiene presupuesto para contratar médicos
que cubran las bajas.
Así,
es comprensible que condenen a un Doctor responsable, interesado
en cambiar algo con lo que no está de acuerdo.
CARLOS ROCES FELGUEROSO
http://www.bolinf.es/wp/?p=1052
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Fuente:
La Voz de Avilés
«El caso de este facultativo es sólo la
punta del iceberg de otro problema: la desorganización
y saturación de las consultas» «Lo dicho
por el gerente de Primaria es un intento de lavarse las
manos. También llama la atención el silencio
del Sespa»
LAURA FONSECA
La polémica generada entorno a la sanción
que el Servicio de Salud del Principado ha impuesto al doctor
Luis Andrenio González -expedientado por discutir
con una administrativa- es, para la Sociedad de Medicina
Familiar y Comunitaria de Asturias tan sólo la «punta
de iceberg» de un problema mucho mayor: la desorganización
y la masificación de las consultas de los centros
de salud. El presidente de dicha entidad, el médico
Salvador Tranche, analiza en esta entrevista lo ocurrido
con el facultativo del centro de salud del Parque-Somió
y alerta sobre los riesgos de la saturación del sistema
sanitario.
-¿Qué opina sobre el 'caso Andrenio', el
médico de Gijón sancionado con tres meses
de suspensión de empleo y sueldo tras haber discutido
con una administrativa?
-Como sociedad profesional creemos que el doctor Luis
Andrenio González es un buen médico, que
goza de una gran formación y que presta una muy buena
atención a la población. Una clara muestra
de ello es el apoyo que han exhibido sus pacientes.
-¿Cree que la actuación del Servicio de
Salud del Principado (Sespa) ha sido correcta?
-La administración no ha sabido reaccionar a tiempo.
El Sespa y la Consejería de Salud anteriores se caracterizaron
-de hecho hicieron gala de ello- por no adoptar decisiones.
Cuando este tema les estalló en la cara tomaron una
medida 'in extremis' y ese tipo de soluciones nunca son
buenas.
-El gerente de Primaria del Área V dice que se
limitó a cumplir una resolución del Sespa.
-Las explicaciones del gerente de Gijón son un intento
por lavarse las manos. En este tiempo, la gerencia de Primaria
del Área V dio determinados pasos que son los que
derivaron en la posterior sanción. Lo que no puede
pretender ahora es desligarse de su responsabilidad. En
cualquier caso, me llama la atención el silencio
del Sespa. Es como si nadie se quisiera hacer cargo del
expediente.
-De todas formas, es de suponer que tres meses de suspensión
de empleo y sueldo, no es una sanción que la administración
imponga con alegría y sin meditar.
-Es una sanción durísima. Pero no sólo
la suspensión de empleo y sueldo durante tres meses,
sino el traslado de su consulta a Tremañes, una decisión
de dudosa legalidad, ya que no se puede trasladar a un trabajador
sin previa negociación.
-¿Conoce usted a Luis Andrenio González?
-Sí.
-¿Es amigo suyo?
-No. Le conocí hace años, cuando era responsable
técnico del Insalud. Se ocupaba de la formación
de los médicos residentes, de los MIR.
-¿Y cómo lo definiría? Porque algo
'incómodo' parece ser. Lo digo porque en estos años
de trabajo ha presentado, al Insalud primero y al Sespa
después, decenas de denuncias por deficiencias en
su centro de salud. Además, no parece llevarse muy
bien con sus compañeros, sobre todo tras denunciarles
por ausentarse de sus puestos de trabajo.
-Se ha convertido en un médico incómodo porque
lleva muchos años denunciando la saturación
en su consulta y cientos de deficiencias. Además,
es un miembro activo de la campaña de los 10 minutos
por paciente y, eso, a la postre, resulta molesto para la
administración.
Horas de más
-Se ha sabido que a la administración no le gustaba
que este médico acudiera a trabajar los sábados,
fuera de la jornada ordinaria, o que cerrara su consulta
más allá de las tres de la tarde. ¿Hay
otros médicos en esa situación?
-Somos muchos los médicos que sobrepasamos el horario
o que vamos a trabajar fuera de horas. Pero el caso de este
médico es sólo la punta del iceberg, ya que
pone de manifiesto varias deficiencias del sistema: desde
la falta de directores en los centros de salud, hasta la
tremenda desorganización existente en la sanidad
pública.
-También ha puesto sobre la mesa que son muchos
los trabajadores que no cumplen el horario mínimo
de trabajo.
-Eso no es algo exclusivo de la Atención Primaria.
En todas las empresas hay quien se escaquea y hay quien
trabaja de más. El problema es que los actuales coordinadores
de los centros de salud tienen poca capacidad de gestión
y casi nula autoridad. Una de nuestras reivindicaciones
es dotar a los centros de directores que puedan gestionar
asuntos de personal. El problema es que las gerencias tendrían
que descentralizarse y no quieren.
Agendas de calidad
-Loco, incómodo o un profesional celoso de su
trabajo. ¿Dónde enmarcaría usted al
doctor Andrenio?
-No lo definiría así, ya que es un tema complejo.
Para la Sociedad Asturiana de Medicina Familiar y Comunitaria,
el 'caso Andrenio' ha destapado un problema en el que nadie
parece querer entrar, que es la falta de organización
en los centros de salud y la incapacidad de la anterior
consejería en la resolución de los problemas.
-Este caso también ha vuelto a desvelar la masificación
que se vive en los centros de salud. ¿No se había
llegado un acuerdo con la Consejería para frenar
la saturación de las consultas?
-Sí, habíamos llegado a un acuerdo en mayo
pasado, pero la Administración sanitaria no ha hecho
nada en todo este tiempo para atajar el colapso en los centros.
Habíamos acordado aplicar agendas de calidad, para
garantizar un mínimo de 10 minutos por paciente y
desligarnos de parte de la carga burocrática de la
consulta.
-¿De su jornada diaria como médico de familia,
cuánto tiempo destina a trabajo administrativo?
-Un tercio de nuestra jornada se nos va en cubrir y hacer
papeleo. Los médicos hacemos desde certificados para
justificar que un niño no puede hacer ejercicio en
el colegio, hasta una nota para poder viajar en avión
portando un medicamento. A eso hay que sumar las recetas
de los enfermos crónicos, los visados, las notas
para inspección. La lista es muy extensa.
-¿Cuál es la solución?
-Una muy simple y que ya aplican otras comunidades es la
receta electrónica o que el trabajo administrativo
se haga fuera de las consultas.
lfonseca@elcomerciodigital.com
http://www.bolinf.es/wp/?p=1182
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Doctor
de Atención Primaria
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LUIS ANDRENIO GONZÁLEZ DOCTOR DE
ATENCIÓN PRIMARIA EN EL CENTRO DE SALUD EL PARQUE-SOMIÓ
Víctor GUILLOT
Agobiarse
sin agobio es la diversión de los santos, escribió
Jean Paul Sartre. El doctor Luis Andrenio González
tenía cincuenta y tres años y no estaba ungido
por la santidad: en estos últimos días había
tenido razones suficientes para sentir cómo el agobio
le doblaba el espinazo.
Más de treinta años antes, el joven galeno de
Turón había asumido el juramento hipocrático
hasta sus últimas consecuencias. Quería ser
un médico al servicio del ciudadano y entendía
como una encomienda casi divina recibir con deferencia y curar
con diligencia a todos sus pacientes. Asumía el sacrificio
de su trabajo con la voluntad de los mártires del Greco.
No era un santo, no, pero sus pacientes así le contemplaban:
sabían que ninguno de ellos podría ser atendido
en tan sólo cinco minutos.
Todas las mañanas acudía a su consulta a trabajar.
En ocasiones no la abandonaba hasta que el sol se ponía.
No quería imponer a nadie su dedicación, pero
lo cierto es que su particular sacrificio comenzó a
afectar al resto de sus compañeros. El trabajo se había
convertido en un ejercicio de castidad que le empujaba a trabajar
doce horas sin descanso o a prolongar su jornada los días
festivos. Había una violencia diligente y al mismo
tiempo sádica en su empeño laboral. Pero si
el agobio no había conseguido nunca interrumpir su
trabajo en treinta años, por qué iba a interrumpir
el de sus compañeros. Al igual que él, los médicos
y el servicio de administración del centro debían
comprender que éste no terminaría nunca. Zenón
de Lea podría haber escrito que Andrenio sufría
la maldición de Aquiles. Por más que corriera,
nunca alcanzaría a la liebre. Siempre habría
alguien al que escuchar, atender, curar o aliviar. Su lista
de pacientes, más de 1.700, nunca, nunca, se terminaría
y contra esa condena, sólo le quedaba trabajar.
Tras catorce años en el centro de salud El Parque-Somió,
el doctor Andrenio no pudo escapar de una cruel paradoja:
cuanto más satisfechos se sentían los pacientes
de su trabajo, más inquina le tenían sus compañeros
en el centro de salud. A lo largo de todo ese tiempo, la mala
relación con ellos se había intensificado hasta
el punto de que Andrenio a penas tenía contacto cordial
con muchos de ellos.
Luis Andrenio sabía que los médicos censuraban
su procedimiento o que, al menos, no lo compartían;
pero si él se empecinaba era porque se consideraba
cargado de razón contra todos ellos.
El doctor Andrenio llegaba a su consulta pensando en estas
tribulaciones cuando un día recibió una notificación
del Sespa que le obligaba a someterse a un examen psiquiátrico.
Por supuesto, no accedería a satisfacer un agravio
como ése.
Qué o quién había impulsado esta conjura
contra el buen doctor fue la pregunta que corroía su
cabeza como el gusano que ha encontrado una manzana. Su último
desencuentro había sido con la antigua jefa de administración
del centro Dolores García Medina. La última
queja había derivado en la petición de un examen
psiquiátrico cuya desobediencia desembocó finalmente
en una sanción que suspendía de empleo y sueldo
durante tres meses al buen doctor, así como su traslado
al centro de salud de Tremañes.
A la hora de sancionarlo, nadie había tenido en cuenta
su defensa de la creación de los centros de salud o
participación activa en la Plataforma Diez Minutos
por Paciente. Por un momento, Andrenio sintió que un
viento helado y feroz enfriaba su corazón. Tiempo después
llamó a su abogado, Julio César Galán.
Antes de que el letrado ejerciera cualquier recurso administrativo
contra la sanción, ésta ya se había ejecutado.
Su ausencia se convirtió en una grieta que en el centro
El Parque-Somió que día a día se hacía
más grande. Al principio dijeron que estaba de vacaciones,
después que sufría una baja. Lo cierto es que
los pacientes comenzaron a sentirse huérfanos de médico.
Después llegaron las concentraciones, las mesas petitorias
y la discreta y laboriosa vida del doctor Andrenio se convirtió
en un rumor que corría de centro de salud en centro
de salud y se publicaba con misterio amarillo en los papeles.
Una sencilla cuestión laboral se había convertido
en un capitulo absurdo y kafkiano donde el maniqueísmo
de algunos había convertido al señor Andrenio
en el señor Josef K en un proceso y al Sespa en un
desalentador aparato estalinista. El responsable de velar
por lo derechos de todos los médicos, el presidente
de la junta de personal del área sanitaria V, Baltasar
Palacios, indicaba que la responsabilidad última de
todo esta tragedia la tenía Luis Hevia Panizo, el gerente
del área, quien se hallaba desbordado por una situación
que podía poner su cabeza a los pies del nuevo Consejero.
El Estado se había conjurado contra un hombre solitario
que entorpecía el trabajo cotidiano de sus compañeros
con su propio trabajo. El «caso Andrenio» comenzó
con la virulencia de una pasión mística y terminaba,
por fin, con una dimensión absolutamente política.
El caso es que las pasiones son tan diversas como las personas:
devoradoras y meditativas, soñadoras y desasosegadas,
prácticas y abstractas, remolonas y precipitadas. La
de los pacientes era recriminadora, la del abogado cínica
y sarcástica, la de Luis Hevia desesperanzadora, la
de Palacios correcta. La pasión de Andrenio era atribulada,
silente y equivocada, pero ya era tarde para ser cambiada.
http://www.bolinf.es/wp/?p=1114
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más sobre
el caso
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