Introducción
El
Mobbing o acoso laboral es un preocupante fenómeno de agresión
encubierta y dirigida que se ha incrementado en las décadas
recientes -aun cuando las estadísticas lo reflejan de manera
inconsistente-, y entre sus consecuencias más extremas se
encuentra el suicidio. De acuerdo con la documentación que
he revisado, su estudio de parte de especialistas también
es reciente -desde los años ochentas, derivado de los estudios
acerca del estrés laboral- y se enfocó en sus inicios
principalmente a las áreas de Salud, Educación y Asistencia
Social, pero se ha extendido también a otros ámbitos,
como la Administración Pública. Por supuesto, esto
no significa que sean las únicas áreas en las que
se verifica, más bien son las áreas donde se han escuchado
múltiples voces de advertencia.
De
igual manera, en ediciones anteriores del Congreso Virtual de Psiquiatría
Interpsiquis -desde la quinta, para ser exacto- no he encontrado
trabajos en los que se expongan casos en áreas distintas
de las mencionadas, lo cual por supuesto no significa que no existan
y que no sean estudiados, simplemente que no han sido expuestos
en este espacio. Por lo cual, con esta breve entrega, mi propósito
es presentar un caso de Mobbing en la Administración Pública
mexicana, concretamente en un organismo gubernamental local, así
como compartir algunas reflexiones. Debo señalar también
que en las ediciones previas del Congreso, como asistente, pregunté
abiertamente en el foro si alguno de los participantes contaba con
información en este sentido -casos de Mobbing en el servicio
público-, sin obtener respuesta.
En
México existen algunos casos documentados; que no he tenido
oportunidad de conocer; y muy recientemente supe del que se considera
el primer libro sobre Mobbing publicado en el país, titulado
Cuando el Trabajo nos Castiga. Debates sobre el mobbing en
México, coeditado por Ediciones Eón y la Universidad
Autónoma Metropolitana - Unidad Azcapotzalco. Con tal reserva,
aquí presento un caso que considero propio de Mobbing.
El
lector encontrará los siguientes apartados: 1) Breve Marco
Conceptual, en el que se realiza una revisión de los aspectos
principales que, si bien no es exhaustiva, se apega a conocimientos
aceptados generalmente; 2) El caso específico; 3) Un análisis
del caso específico, en el cual se describen las características
de la organización, las repercusiones del acoso en la víctima,
sus estrategias de supervivencia, el perfil de los acosadores,
las reacciones en su medio laboral / tipos de testigos, y la percepción
de la institución que se generó en la víctima;
y 4) Las conclusiones, que incluyen un apunte acerca de la relación
entre Mobbing y Burnout, y las disciplinas que desde mi punto de
vista, como mínimo, deben estar involucradas en el estudio
del Mobbing.
Breve
Marco Conceptual
Considero
pertinente partir de tres supuestos importantes, tomando en cuenta
que las personas laboralmente activas, en general, pasamos al menos
una tercera parte de nuestra vida y de nuestro tiempo entregados
a una o varias organizaciones.
Cuando
una persona se incorpora a la vida productiva, generalmente lo hace
con la expectativa de crecer personal y profesionalmente, de aportar
elementos de desarrollo para la organización en particular,
así como para enriquecer a la sociedad en general y, en su
caso, pensando en ofrecer una mejor calidad de vida a su familia.
En definitiva, lo que menos espera encontrar son situaciones hostiles,
agresivas y humillantes que la alejen paulatina o abruptamente del
cumplimiento de tales expectativas. Cito a Zepeda (1):
1)
El trabajo es uno de los ámbitos en que el hombre se
recrea a sí mismo al buscar en él la realización
que le permita parecerse cada vez más al tipo de persona
que desea ser, en armonía con la naturaleza y con lo que
él considera la razón de su vida. Un terreno tan inseparable
de la existencia humana no puede ser ajeno a ese esfuerzo. De hecho,
la persona busca crear constantemente en torno a sí un ambiente
que le permita descubrirse a sí misma como un ser vital,
autodeterminado y autoconsciente, lo que le provee de sentimientos
de saberse alguien significativo; es decir, un ser digno de ser
tomado en cuenta, competente, capaz de enfrentar con éxito
la vida y de ser agradable para sí mismo y para las personas
con las que convive. De esta manera, el hombre intenta crear en
el trabajo las condiciones que le permitan obtener de sí
las imágenes y los sentimientos ya señalados. El campo
laboral es por excelencia un lugar para construir y desarrollar
la autoestima.
2),
Es la persona, o el conjunto de ellas, quien tiene el poder
de crear, mantener o destruir la identidad de una organización,
o a la institución misma, según crea o sienta que
su autoestima y su crecimiento como persona dependen de ello.,
y
3)
Las personas creamos empresas, nos incorporamos a trabajar
en ellas y utilizamos los productos y servicios de las mismas con
el propósito, a veces inconsciente, de ser saludables, productivos
y felices. Cuando en una organización no encontramos estas
posibilidades, los conocimientos psicológicos sobre las organizaciones
nos pueden permitir cambiar esas circunstancias. (La enumeración
y los énfasis son míos)
Pareciera
que la realidad contradice las afirmaciones que cité, pero
trabajar es mucho más que simplemente ocupar un puesto a
cambio de un sueldo. Sin embargo, la vertiginosidad de hoy en día
-el ritmo de vida, particularmente en las grandes ciudades-, el
desequilibrio entre oferta y demanda de trabajo, entre los perfiles
de la gente que quiere colocarse y los criterios de reclutamiento
y selección, la tendencia a contratar gente sin generar compromisos
formales y de largo plazo (prestaciones, atención médica,
liquidación en su caso, entre otros aspectos) y sobre todo
la enorme necesidad de los individuos de contar con medios de subsistencia,
son tales que por un lado constituyen terreno fértil para
abusar de esa necesidad, y por otro impiden que la gente se permita
reflexionar más a fondo al respecto, y esa es quizá
una de las razones por las cuales el Mobbing está tan extendido,
tanto en su alcance como en su duración. Otra, por supuesto,
es la carencia de una legislación específica. En México,
con dolorosa frecuencia la gente trabaja donde puede, no donde quiere.
Son
considerables los avances logrados a pesar de que el estudio del
Mobbing es reciente, aunque debe reconocerse que quedan cabos sueltos
de diversa índole, y de ahí la necesidad de insistir
en la continuidad de las investigaciones desde distintos ángulos
(haremos una alusión al respecto en las conclusiones).
Para
enmarcar de manera mínima suficiente el abordaje del fenómeno
en esta entrega y sustentar apropiadamente el caso, presentaré
los aspectos principales del Mobbing apoyándome en trabajos
previos de estudiosos que han revisado parte importante de la literatura
existente, que refieren, por supuesto, a autores ya reconocidos,
y que han conseguido sintetizar la información, especialmente
los de González Rodríguez et al, Juárez García
et al, e Iglesias et al. Se recomienda, de todas formas, la lectura
de todos los trabajos incluidos en las referencias.
Así,
retomaré su definición, las fases que comprende, el
perfil de las víctimas y de los acosadores, conductas que
lo distinguen, consecuencias, herramientas de evaluación,
un apunte hacer de la intervención médica y/o psicológica,
el modelo explicativo del Mobbing y las alternativas de enfrentamiento.
Para facilitar la exposición consideré, a manera de
muestra, tres referentes para la mayor parte de los
temas, a efecto de mostrar tanto las consistencias y similitudes,
como los matices de la información, toda vez que las investigaciones
paulatinamente han ahondado en su naturaleza, aunque ello no significa
que necesariamente todos los especialistas estén de acuerdo
con los resultados obtenidos. Es importante aclarar que la selección
de autores obedeció fundamentalmente a la disponibilidad
y accesibilidad de los documentos.
Definición
También
conocido como abuso psicológico, acoso moral, hostigamiento
psicológico, psicoterror, abuso emocional, entre otros términos
que de alguna manera dan cuenta del esfuerzo realizado por diversos
especialistas para conceptualizar el fenómeno, el estudio
del Mobbing inició con los trabajos del zoólogo y
etólogo austriaco Konrad Lorenz, que fueron retomados y aplicados
al ámbito laboral por el psicólogo alemán Heinz
Leymann, quien propuso la primera definición (ver Cuadro
1).

Cuadro 1. Definición de mobbing.
Adicionalmente,
Olmeda y García (2) muestran la definición incorporada
a la legislación sueca: recurrentes acciones reprobables
o claramente hostiles frente a un trabajador o trabajadores, adoptadas
en el ámbito de las relaciones interpersonales entre los
trabajadores, de forma ofensiva y con el propósito de establecer
el alejamiento de estos trabajadores respecto de los demás
que operan en el mismo lugar de trabajo. Es interesante ver
que, aun cuando esta última es un tanto escueta, existe cierta
congruencia en las definiciones en el trayecto del ámbito
de los especialistas al ámbito legal, toda vez que es de
esperarse que los resultados de las investigaciones sean apropiadamente
canalizados a favor del bien común.
González
Rodríguez et al (3) hacen una precisión importante:
Podría considerarse [el mobbing] como una variante
de estrés laboral, pero presenta la particularidad de que
no ocurre únicamente por aspectos relacionados con el trabajo,
sino más bien con cuestiones que tienen que ver con las relaciones
interpersonales.
Fases
Como
en todo proceso, el mobbing tiene un inicio, un desarrollo y un
resultado. El proceso de mobbing constaba originalmente de cuatro
fases bien delimitadas, conocidas como clásicas.
Ese modelo se ha enriquecido. Ballesteros (4) elaboró un
cuadro comparativo -al cual agrega su propuesta, basada en el análisis
del punto de vista de la víctima en actitud pasiva- en el
que incluye dichas fases y hasta una quinta (ver Cuadro 2), y es
precisamente tal comparación lo que nos permite apreciar
la consistencia lograda en su conceptualización. Naturalmente,
los autores referidos muestran variaciones derivadas de sus enfoques
y experiencias.

Cuadro 2. Fases del mobbing. Comparativo
de Ballesteros.
En
cuanto a la descripción de cada una, González Rodríguez
et al, Iglesias et al (5), así como Juárez García
et al, y Olmeda y García, igualmente la abordan, con diversos
grados de detalle. Tomaremos las dos primeras (ver Cuadro 3) porque
son complementarias y, adicionalmente, se llega ya a una sexta fase.

Cuadro
3. Fases del mobbing.
Aunque
existen matices en la descripción de las etapas (por ejemplo,
se ha mencionado también que en la primera fase el conflicto
puede tener origen en el natural desarrollo de las actividades,
y que los ataques son suaves; o que en la tercera etapa la intervención
es casi siempre tardía), en esencia comprenden los hechos
señalados.
Perfil
de las víctimas
¿Quiénes
son objeto de mobbing?, ¿por qué esas personas en
particular son agredidas y no otras, o todas, dentro de la organización?
González Rodríguez et al observan que: Cuando
hablamos de mobbing (
) no existen evidencias para afirmar
que existan trabajadores que, por sus características personales,
puedan ser etiquetados apriorísticamente como víctimas
propiciatorias. Sin embargo, comparten ciertas características,
de entre las cuales en el Cuadro 4 se mencionan algunas de las más
relevantes.

Cuadro
4. Perfil de las víctimas.
Vale
la pena agregar una observación de Cabetas y Del Castillo
(6): Es algo paradójico, pues la víctima muestra
una especial dificultad para defenderse, y sin embargo los estudios
al respecto concluyen en que los acosados por mobbing son personas
con buen nivel ético, alta capacitación profesional
(
). No son holgazanes, al contrario. Suelen presentar un perfil
workaholic - expresión americana para designar
a la persona adicta al trabajo, que sólo así
se siente reconocida. (
).
Koszer
(7) apunta en el mismo sentido: Un rasgo frecuente y llamativo
en los acosados es la dificultad para entender lo que les está
pasando, y organizar su propia defensa. Este factor cognitivo es
uno de los mayores obstáculos para la identificación,
tratamiento y prevención de este síndrome.
Por
otra parte, González Rodríguez et al también
advierten que: El acosado o acosados no son enfermos por el
hecho en sí de sufrir mobbing, puesto que no es, en sí
mismo, una enfermedad, aunque como veremos (
) sí puede
dar lugar a ella.
Perfil
de los acosadores
¿Quiénes
propician el mobbing?, ¿cómo son las personas que
agraden a otras dentro de la organización? ¿por qué
lo hacen? Usualmente la descripción se limita al acosador
directo, a quien activa y deliberadamente ejerce las acciones de
hostigamiento. Aparentemente no se ha considerado todavía
una descripción de los acosadores secundarios o indirectos,
es decir, otros jefes de mayor, igual o menor rango, o bien compañeros
de mayor, igual o menor rango (más asociados con los testigos
mudos). Con esta salvedad, mostramos el perfil en el Cuadro 5. Más
adelante retomaremos este punto.

Cuadro
5. Perfil de los acosadores.
En
cuanto a los motivos de los acosadores, González Rodríguez
dice lo siguiente: Es una persona fría y calculadora,
pero ¿qué motivos tiene en realidad para iniciar el
acoso moral?, pues bien, es muy frecuente que las motivaciones sean
poco consistentes y objetivas como apunta Castellano Arroyo, y que
estas motivaciones dependan más de los aspectos psicológicos
de la relación interpersonal de los implicados, que de la
realidad, que siempre podría tener un abordaje más
razonable. Dentro de estos motivos, se han apuntado los siguientes:
La
propia incapacidad personal del acosador, que se encuentra en un
rol directivo sin tener las cualidades necesarias para ello; con
lo que su reacción es infravalorar a los demás, para
que su incompetencia no sea evidente. Esta reacción ha sido
denominada mediocridad inoperante activa (MIA), y se
resume en una situación de inferioridad de una persona desbordada
por la responsabilidad profesional y social que se le asigna. En
ocasiones el acosador siente clara envidia por algunas cualidades
de la persona a quien acosa.
La
incompatibilidad entre el trabajador y el acosador, que provocará
problemas de relación interpersonal, por ejemplo, por incumplimiento
de las expectativas hacia el trabajador, situaciones de desafío,
desobediencia o resistencia pasiva por parte del trabajador a las
indicaciones recibidas, etc.
Estrategias
empresariales. En ocasiones, el acoso está relacionado con
problemas económicos que requieren ajustes de personal en
las empresas. (
).
La
propia personalidad del hostigador. Puede tratarse de una persona
con rasgos específicos que se comporta de forma rígida,
distante e intolerante con aquellos trabajadores que no se adaptan
fielmente al esquema que tiene del funcionamiento de la empresa.
En estos desajustes (
) puede iniciar una conducta persecutoria
hacia aquella persona que no de adapta a sus indicaciones, o bien
porque entra en conflicto con sus valores, etc. Otras características
(
) serían las de ser un individuo muy estable emocionalmente,
dominante, orgulloso, con un alto concepto de sí mismo, inteligente
y calculador. (
). Otro modelo (
) es el de un individuo
inteligente, pero con una capacidad intelectual mediatizada por
un alto nivel de neuroticismo, muy inestable emocionalmente,
inseguro, con poca tolerancia a la frustración, mal manejo
de sus emociones y sentimientos, con tendencia a experimentar ansiedad
y a tener reacciones explosivas. Si se encuentra en un puesto de
responsabilidad, éste suele desbordar su capacidad resolutiva,
le queda grande. Sus reacciones serán desajustadas
a la importancia del hecho, incoherentes de unas ocasiones a otras,
y si establece malas relaciones con un trabajador determinado (envidia
por su manera de ser, sus éxitos, etc.), puede convertirlo
en objeto de su agresividad y de su acoso.
Señala
también que se han identificado tres tipos de comportamientos
patológicos en los hostigadores: trastornos narcisistas,
trastornos psicopáticos y trastornos paranoides (que son
precisamente los que considera Piñuel en su modelo explicativo,
que mostraremos más adelante). En este sentido, Cabetas y
Del Castillo, así como Koszer, presentan una interesante
interpretación desde la perspectiva psicoanalítica,
destacando además rasgos sádicos.
Valga
decir, a manera de resumen, que entre las características
más observadas por los especialistas como factores desencadenantes
del Mobbing se encuentran el miedo (a ser desplazado o que sea evidenciada
su ineptitud), mediocridad profesional, inseguridad, y en el fondo
de todo esto, envidia y complejo de inferioridad.
Iglesias
et al agregan lo siguiente: En todo proceso habitual de acoso,
destaca la figura del maltratador principal, normalmente constituido
por una personalidad narcisista y paranoide que considera en todo
momento que está realizando lo debido, con el fin de sentir
justificada su conducta violenta hacia la víctima. Junto
a esta figura se encuentra la de los acosadores secundarios, que
siguen las acciones del anterior en mayor o menor medida en función
de su autoridad o carisma, y por último se encuentran todos
aquellos sujetos que pueden considerarse partícipes pasivos
de esta situación de violencia, puesto que aunque no intervienen
activamente en el maltrato, se inhiben ante esta situación
de injusticia ya sea por miedo a represalias o bien persiguiendo
un beneficio secundario de la misma.
Conductas de Mobbing
¿En
qué consiste el mobbing? ¿qué hace, en concreto,
un acosador? ¿para qué lo hace? ¿cómo
se puede saber si alguien está siendo deliberadamente agredido,
y quién es el responsable? González Rodríguez
et al, basados en Leymann, describen algunas de las características
principales de las conductas de mobbing. Las cito:
La
intencionalidad, puesto que no se trata de una situación
accidental, producto del estrés generado en el ambiente de
trabajo, sino que nace con la evidente intención de dañar.
La
repetición, dado que sólo de esta manera se consigue
minar la resistencia psicológica y física del acosado.
La
persistencia en el tiempo, ya que no se trata de sucesos ocasionales
que se produzcan ante determinadas situaciones coyunturales, sino
como consecuencia de un proceso que sólo finalizará
en el momento en el que se consiga la destrucción psicológica
de la víctima.
La
asimetría, no hace daño quien quiere sino quien
puede, habitualmente se emplean posiciones jerárquicamente
más altas, o cuando el acoso se produce entre compañeros
del mismo rango, se suele utilizar el liderazgo de los grupos existentes
en la organización.
El
objetivo final es la destrucción psicológica del acosado,
y el abandono voluntario de la organización por
parte de éste.
En
el Cuadro 6 se muestran, grosso modo, la diversidad de acciones
agresivas, unas más observables que otras.

Cuadro 6. Conductas de mobbing.
¿Por
qué unas más observables que otras? Existe consenso
entre los especialistas en el sentido de que el acosador suele actuar
en secreto, cuando la víctima está sola; y encubierto,
solapado por el silencio de los testigos, cuando los hay (ver más
adelante el Modelo explicativo). Recordemos, en este sentido, la
definición de Marie France Hirigoyen: Todas aquellas
agresiones más sutiles y difíciles de advertir y probar,
sea cual sea su procedencia (un individuo, grupo o institución)
(
)., que viene a colación para entender la cualidad
de las agresiones de naturaleza más intangible (tonos, mensajes
entre líneas, miradas, gestos, silencios, lenguaje corporal,
y el espectro de posibilidades derivado de sus combinaciones), que
es en buena medida, en ausencia de una lesión corporal, lo
que las hace tan destructivas, por un lado, como difíciles
de probar, por otro.
Esta
dificultad en parte se explica por la incertidumbre generada en
la víctima, que duda de sus percepciones y de su interpretación;
pero las personas, en el ámbito de trabajo, suelen darse
cuenta de lo que ocurre, sobre todo cuando le ocurre a otras personas,
por sutiles que puedan ser los mensajes. Luego entonces, el papel
de los testigos adquiere significativa relevancia, porque su intervención
podría contribuir a hacer de la interpretación una
certeza.
Diversos
autores coinciden en que también es necesario tener presente
la influencia del factor cultural, toda vez que las costumbres varían
entre países, y entre regiones y organismos en un mismo país
(es decir, se trata de las subculturas). Iglesias et al puntualizan
en este sentido: Las preferencias por la utilización
de unas conductas u otras de hostigamiento, pueden variar según
las culturas de los distintos países (Niedl, 1995) e incluso
el tipo de organización en la que se produzca el mobbing
(Hubert y Veldhoven, 2001).
Consecuencias
Considerando
lo ya expuesto, las derivaciones de los ataques rebasan, con mucho,
el nivel individual, como se aprecia en el Cuadro 7. Esto es un
indicativo más del egoísmo y la falta de empatía,
sensibilidad y conciencia moral del (los) acosador(es), quienes
quizá piensan que sólo se desharán de otro(s)
individuo(s); sin embargo, ya no es posible negar o minimizar que
la solución de sus propios conflictos alcanza
también esferas externas que multiplican el costo de sus
agresiones, independientemente de que ello no tenga especial relevancia
desde su punto de vista.

Cuadro
7. Consecuencias del mobbing.
Claro
está, los efectos del mobbing no sólo se manifiestan
mientras tiene lugar, se extienden aún después de
la exclusión de la víctima del ámbito donde
prestaba sus servicios. Hay consenso en el sentido de que una vez
fuera de la organización, la víctima presenta baja
autoestima, depresión, ansiedad, irritabilidad, desconfianza,
tendencia al aislamiento, rencor y deseos de venganza contra el
acosador, e incluso conductas de dependencia. Todo ello hace necesaria
la intervención, al menos, de médicos y/o psicólogos.
González
Rodríguez et al observan con toda pertinencia: Sin
embargo, la reacción del hostigado ante este tipo de problemas
y las consecuencias que se derivan de estas conductas agresivas,
sí que puede variar en función de unas determinadas
características personales. La forma en que se evalúa
y, sobre todo, la forma en la que se enfrenta a la situación
una persona, está muy relacionada tanto con la solución
efectiva del problema, como con el nivel o la magnitud de consecuencias
que desarrolla el afectado. De forma que, muchas de las personas
que se han identificado como víctimas de acoso psicológico
en el trabajo, son personas sensibles y vulnerables, hecho éste
que puede haber influido en la elección como sujeto-objeto
del acoso, aunque también estos mismos rasgos suelen favorecer
la respuesta patológica ante las acciones que, personas de
más fortaleza de carácter, neutralizarían y
canalizarían, evitando así el perjuicio personal que
ellas sí sufren.
Por
su parte, Iglesias et al, observan también que: El
mobbing no tiene las mismas consecuencias en todos los individuos
afectados, sino que éstas dependerán en gran medida
de las habilidades, capacidades y recursos de afrontamiento que
posee el sujeto, no obstante sus consecuencias son devastadoras
en la mayor parte de los casos.
En
general, las consecuencias sobre la salud de la víctima depende
de la duración del acoso, la intensidad de la agresión
y la vulnerabilidad de la víctima (experiencias anteriores,
apoyo familiar
)
Herramientas
de Evaluación
¿Cómo
determinar si una persona efectivamente es objeto de mobbing? Se
han desarrollado varios instrumentos (ver Cuadro 8) con el propósito
de valorar objetivamente los posibles casos. Se trata de listados
de situaciones concretas, que facilitan su aplicación y evaluación.

Cuadro
8. Herramientas de Evaluación del mobbing.
Intervención
médica y/o psicológica
Generalmente
los casos de Mobbing son detectados en consulta médica o
psicológica, cuando el malestar de la víctima ya está
acentuado y las medidas organizacionales no existieron, fracasaron
o apuntaron en su contra. Olmeda y García comparten un modelo
de intervención, basadas en su experiencia de atención
en un Centro de Salud Mental. Cito:
Evaluación. En primer lugar es necesario explorar si
existe algún trastorno mental que deba tratarse del modo
que proceda. Después deberá hacerse un análisis
del conflicto en cuestión: duración y alcance del
mismo, factores asociados, consecuencias para el individuo, posibles
vías de solución.
Intervención
farmacológica. Cuando se considere necesario porque los síntomas
(generalmente ansiedad, depresión y trastorno del sueño)
interfieren de modo importante en el funcionamiento mental o conductual
del individuo.
Intervención
psicológica. Encaminada a dotar al individuo de estrategias
y habilidades que le capacitan para enfrentarse al conflicto y que
aumentan su confianza en sus propios recursos para solucionarlo.
Intervención
social. Es importante proveer de información de todos los
recursos jurídicos, sindicales, etc. que se puedan utilizar
para solucionar el conflicto. Cando sea posible, entablar algún
tipo de comunicación o coordinación con la empresa
o entidad en la que se haya producido el conflicto, para obtener
información y llevar a cabo una acción más
eficaz en la resolución del mismo.
En
lo concerniente a la intervención psicológica, mencionan
algunas técnicas cognitivas, fisiológicas y conductuales.
Al margen de esto, evidentemente deberá efectuarse el abordaje
de acuerdo con las características de cada caso. En tal sentido,
Cabetas y Del Castillo señalan: Insistimos en que no
es desechable en principio ninguna escuela ni orientación
terapéutica. Se elegirá el tipo de terapia dependiendo
del propio sujeto en cuanto a formación personal, preferencias
por una u otra terapia, posibilidad de elección y gravedad
de los síntomas.
Como
se mencionó arriba, los efectos del mobbing se extienden
aún después de la exclusión de la víctima
(por despido, renuncia, baja médica u otros conceptos), de
manera que la intervención del equipo de salud no debería
restringirse al momento en que la víctima decide acudir -si
es que decide hacerlo- porque los síntomas son severos, pero
dadas las circunstancias actuales en la mayoría de los casos
así es todavía. Es deseable que el equipo de salud
esté preparado para realizar no sólo una labor correctiva
(durante, y una vez finalizado el acoso), sino también preventiva.
Modelo
explicativo del mobbing
Ballesteros
incluye el modelo explicativo del mobbing de Piñuel en el
contexto de la organización (ver Cuadro 9), que es prácticamente
el mismo que muestran González Rodríguez et al, aunque
refieren fuentes distintas. Puesto que también me interesa
enfatizar la influencia de la organización con motivo del
caso que más adelante describiré, es pertinente reproducir
dicho modelo.

Cuadro 9. Modelo explicativo del
mobbing.
Podría
describirse, grosso modo, así:
El
acosador (quien posee de antemano uno o varios de los rasgos de
personalidad paranoides, psicopáticos y/o narcisistas) percibe
a la víctima como alguien amenazante, lo suficiente como
para considerar que debe eliminarlo, entonces inicia el trato hostil,
intentando demostrar su dominio y superioridad, sin importarle los
daños que pueda causarle ni a la víctima ni a la organización.
El
acosador efectúa, en la medida de lo posible, sus ataques
en secreto, en privado, con apoyo explícito o tácito
de testigos (jefes y/o compañeros) que callan deliberadamente,
y con el soporte involuntario de quienes callan por miedo a represalias
(comúnmente compañeros) o bien por indiferencia. El
propósito es deteriorar la imagen pública de la víctima,
destruir su equilibrio y resistencia psicológicos, y así
generar condiciones que justifiquen su exclusión.
La
víctima, sorprendida, suele reaccionar pasivamente, con dudas;
niega lo que sucede, evita enfrentarlo y poco a poco se siente avergonzada
y culpable, tiende a creer que es responsable de las fallas que
se le atribuyen; llega a sentirse inepta e incapaz de tomar decisiones,
con lo cual contribuye a justificar su estigmatización y
el prolongamiento de los ataques.
Las
características de la organización redondean el encubrimiento
del (los) acosador(es), pues se dificulta, entre otros aspectos,
el establecimiento de límites en la asignación de
roles, responsabilidades y cargas de trabajo. Cuando la organización
-a través de sus directivos- interviene para resolver
el conflicto, suele hacerlo fallando en contra de la víctima.
La
víctima, atrapada en una espiral destructiva, es objeto de
más ataques, que son más incisivos en la medida que
percibe el abandono de sus compañeros, las dificultades que
afectan su entorno extra-laboral (relaciones de pareja, familiares,
amistades), y su propio debilitamiento, debido a lo cual paulatinamente
cede, hasta que renuncia porque le resulta intolerable, o es expulsada
de la organización por su mal desempeño.
Alternativas
para afrontar el Mobbing
A
falta de una legislación específica, como ocurre en
México, ¿cuáles alternativas reales y serias
tiene la víctima de Mobbing para enfrentarlo y salir airosa?,
¿cuáles medidas deben tomarse al interior de las organizaciones
para detectar, resolver y -a mediano o largo plazo- eliminar el
surgimiento del Mobbing?
En
cuanto a la primera pregunta, las alternativas se orientan predominantemente
a las acciones que pueden llevar a cabo las víctimas una
vez iniciado el acoso (ver Cuadro 10). Preventivamente, es importante
conocerlas para identificarlo, mitigar sus efectos, e incluso, quizá
desactivar el acoso mismo en el corto plazo.

Cuadro 10. Alternativas para afrontar
el mobbing.
Para
comenzar a informarse, además de la abundante información
disponible en las ponencias de los congresos organizados por psiquiatria.com,
los interesados pueden acudir a sitios de Internet como MobbingLat
o mobbingopinión, y obtener los libros disponibles de algunos
de los autores ya referidos (por ejemplo, los de Hirigoyen y Piñuel)
además del mencionado en la introducción.
Aunado
a lo anterior, también desde el nivel preventivo, me permito
agregar dos sugerencias que encuentro relevantes tratándose
del ámbito laboral:
1)
Conocer perfectamente sus derechos y obligaciones como trabajadores
(sean de base o no) y en general la normatividad que los regula
(ejemplos: Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, Ley Federal del Trabajo, Ley Federal de Responsabilidades
de los Servidores Públicos, Condiciones Generales de Trabajo
del Gobierno del Distrito Federal). Por ejemplo, el artículo
147 de la Ley Federal de Responsabilidades
(8) indica los
principios que rigen la función pública: legalidad,
honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia. Consta de 24 fracciones,
de las cuales pueden considerarse:
I.
Cumplir con la máxima diligencia y abstenerse de cualquier
acto u omisión que cause suspensión o deficiencia,
o abuso o ejercicio indebido del servicio encomendado.
V.
Observar buena conducta, respeto, diligencia, imparcialidad y rectitud
en el trato con las personas con que se tenga relación.
VI.
Observar en la dirección de sus inferiores las debidas reglas
de trato y abstenerse de agraviar o incurrir en abuso de autoridad.
XXIV.
Las demás que impongan las leyes y reglamentos.
2)
Conocer perfectamente la función y actividades de los puestos
reales que desempeñan, así como los procesos que les
han asignado o en los que participan (por ejemplo, mediante manuales
de procedimientos actualizados). Es decir, conocer su propio terreno.
Estar bien informados en ambos sentidos, permitirá a los
trabajadores:
a)
Establecer y/o comprender con mayor claridad, por un lado, los límites
de actuación y responsabilidad, y por otro, los de secuencia
en el desarrollo de las actividades y la distribución de
cargas de trabajo, tanto los propios como los de jefes y compañeros;
y
b)
Evitar -o cuando menos minimizar- los efectos de la incertidumbre
y la ambigüedad propias de las organizaciones pobremente organizadas
y dirigidas, reduciendo la posibilidad de ser objeto de hostigamiento.
En
general, considerar todas estas acciones ayudará, dado el
caso, a eliminar en el acosado(a) la idea de ser una víctima
pasiva (incluso una víctima, con las connotaciones
negativas que pueda implicar el término), indefensa y sin
recursos, en la medida que le ayudarán a detectar fortalezas,
debilidades y áreas de oportunidad y así aprovechar
sus propios recursos (intelectuales, emocionales, de socialización)
para recuperarse y ganar terreno, así como para dar batalla
y -en el mejor de los casos- denunciar y demandar bajo los términos
más apropiados a las circunstancias.
Respecto
a la segunda pregunta, en términos sintéticos me parece
que la propuesta de Juárez García et al (9), elaborada
en términos de prevención e intervención, es
apropiada:
-
Fomentar en los directivos un compromiso firme para atender
este problema y darle un lugar relevante
- Establecer programas permanentes de evaluación, investigación
y análisis de riesgos psicosociales para identificar factores
propiciadores entre los que se encuentre el Mobbing
- Implementar estrategias de intervención con el personal
involucrado, a fin de incidir en el problema
- Implementar programas de formación e información
para el personal de la institución, con el propósito
de conformar grupos o círculos de apoyo o autoayuda psicosocial
- Elaborar políticas de sanciones para los posibles abusadores
psicológicos
- Mejorar las condiciones de trabajo de los empleados
- Desarrollar una cultura organizacional basada en el respeto y
empatía
- Desarrollar la satisfacción y la motivación laboral
Hasta
aquí el marco conceptual. Por supuesto, hay otros aspectos
relevantes, como: etiología; situaciones de falso de mobbing,
así como falso mobbing utilizado para obtener beneficios
o bien para agredir (¡!), como mencionan Sobrino et al (10);
tipos y modalidades de Mobbing; epidemiología; aspectos clínicos
relacionados con las características personales de acosadores
y víctimas, así como con las consecuencias en estas
últimas; aspectos legales (definiciones, criterios para determinar
que existe daño psicológico, indemnizaciones y sanciones);
paradigmas culturales de comportamiento y prejuicios, entre otros,
pero por el momento están fuera del alcance de esta participación.
Caso
específico
El
caso tuvo verificativo en un gobierno delegacional de la Ciudad
de México, (capital del país, una de las más
grandes del mundo). Para contextualizar, diremos sucintamente que
la ciudad cuenta con un Gobierno Central, pero como está
dividida en 16 áreas territoriales, llamadas delegaciones,
cada una es atendida por un gobierno delegacional. El gobierno central
y los delegacionales deben coordinarse para atender apropiadamente
a la población. Cada gobierno delegacional tiene como objetivo
brindar servicios públicos (agua, recolección de basura,
pavimentación, drenaje, mantenimiento de áreas verdes,
mercados, panteones, expedición de licencias y permisos,
etc.). Pero también en cada delegación se brinda atención
al personal que labora en ella. Nuestro caso se ubica en una de
estas áreas de atención interna.
También
diremos que el personal que integra cada delegación -denominados
servidores públicos- consta de trabajadores de base (nivel
operativo, permanentes, sindicalizados), que son el grueso; así
como personal de estructura (o de confianza, los llamados funcionarios);
personal eventual; interinatos (cubren una plaza de base cuando
el titular pide licencia); y por honorarios. Salvo las plazas de
base, todos son temporales, con distintas posibilidades de renovación.
En nuestro caso, la víctima de acoso laboral cubría
un interinato.
La
víctima es un hombre de 40 años, soltero, con licenciatura
concluida y más de 10 años como servidor público
en diversas instancias gubernamentales locales, durante los cuales
ya había ocupado puestos de mayor nivel y responsabilidad,
con personal a su cargo. Compañeros de trabajo, usuarios
y amigos lo describen como una persona responsable, honesta y capaz.
La experiencia que tuvo y que derivó en acoso laboral inició
en octubre de 2006, con el cambio de administración resultante
de las elecciones de julio del mismo año. Lo descrito en
el caso y en los apartados del análisis se basa en sus comentarios
y en los de algunos de sus compañeros.
Debe
señalarse como antecedente que para entonces ya llevaba ahí
dos años, debido a que se le pidió apoyo para poner
al corriente un área. Su perfil profesional no era acorde
con la función y las actividades del área, pero aceptó
brindar el apoyo a cambio de ser reasignado después de cumplir
el objetivo, de manera que tuvo que aprender sobre la marcha. Puesto
que se tenía contacto diario y directo con los usuarios,
fueran los trabajadores o sus representantes sindicales, había
un grado de estrés al que se había adaptado sin dificultad,
aunque ocasionalmente aumentaba en virtud de diversos factores (entrega
oportuna de insumos de parte de las áreas proveedoras, expectativas
y actitudes de los usuarios, etc.). Al año, nuestro sujeto
ya había cumplido con la encomienda, pidió en varias
ocasiones ser ubicado en un área apropiada, pero le fue negado,
bajo el argumento de que no había nadie más que se
encargara de lo que hacía. Así, resolvió verlo
como una oportunidad para aprender, y gracias a ello pasó
otro año, pero llegó un momento en que eso ya no era
suficiente. En este punto es que ocurre el cambio de funcionarios
aludido en el párrafo anterior.
Ocuparon
los puestos de mando personas que ya habían desempeñado
puestos similares ahí mismo, tiempo atrás, pero ahora
con un nivel mayor. Para cubrir los puestos de mando de menor nivel,
incluso operativos, al parecer por compromisos de índole
personal y política, también se incorporaron personas
nuevas que resultaron ser amigos y/o familiares de funcionarios.
Una de estas personas nuevas, mujer, no titulada, se incorporó
como jefa del área donde trabajaba nuestro sujeto.
Al
principio, las relaciones fueron cordiales y la jefa hablaba de
hacer cambios importantes. Haciendo eco a las buenas intenciones,
nuestro sujeto le pidió que se diera un espacio para revisar
los procesos que le habían asignado, le entregó documentación
que había preparado como parte de sus iniciativas para mejorar
su área de trabajo, y sugirió hacer reuniones periódicas.
También le dejó claro que deseaba cambiarse de área.
Después de una breve revisión de los documentos, la
jefa le solicitó preparar información concerniente
a las oficinas a su cargo, e incluso de otras áreas, y lo
hizo, pensando también que conseguiría su reasignación.
Sin
embargo, comenzaron a pasar días y semanas porque la jefa
postergaba constantemente el momento de revisar los procesos. Y
las semanas se convirtieron en meses, los tres primeros desde su
ingreso, puesto que la operación del área la había
absorbido, ocupada en efecto en los aspectos técnicos, pero
notablemente distanciada tanto de parte del personal como de diversos
procesos también importantes. Entonces entre los compañeros
de trabajo comenzaron a extenderse, en cantidad e intensidad, los
comentarios de que no habría los anunciados cambios importantes,
de que no entendía los procesos y no se involucraba lo suficiente
con todas las oficinas, de que a algunas personas les daba demasiado
trabajo y a otras no. Nuestro sujeto no tardó en comprobar
esto, no sólo porque mantenía comunicación
permanente con sus compañeros, sino porque a pesar de que
el personal le proporcionaba toda la información que pedía,
la jefa con frecuencia le preguntaba a él por aspectos relacionados
con su área y con otras, muchos de los cuales -debido más
a las exigencias cotidianas que a una planeación concienzuda-
ya se habían comentado previamente y que por consecuencia
debería cuando menos conocer.
Puesto
que se estaban presentando problemas debido a la falta de planeación
y coordinación de parte de la jefa, nuestro sujeto se dio
tiempo para preparar una serie de propuestas de trabajo, que le
entregó por escrito, pero sucedió lo mismo: la jefa
las ignoró y le asignó más actividades. La
luz amarilla se encendió por segunda vez cuando en una improvisada
reunión de trabajo en la que participaron unos cuantos compañeros,
la jefa pidió propuestas; nuestro sujeto solicitó
la palabra varias veces y no le fue otorgada. Semanas después,
le dijo que quería que vigilara a otro compañero,
a lo cual se negó. No hubo comentarios al respecto.
La
luz roja se encendió cuando solicitó permiso para
acudir a un curso de capacitación; la jefa postergó
con varios rodeos su autorización y finalmente la otorgó,
pero a cambio de que se quedara media hora más a trabajar,
y comenzó a tomarle el tiempo, presionando con correos internos.
Luego, pretextando que le habían informado al director que
no estaba yendo, le condicionó continuar con el curso si
cubría la jornada completa de trabajo después de cada
sesión; nuestro sujeto le aclaró que la capacitación
forma parte de la jornada, y ella le respondió que su caso
era distinto por cubrir interinato. También comenzó
a cuestionar su desempeño, verbalmente y a través
de correos internos, a pesar de que él le demostró
que todo estaba en orden. A cada correo él contestaba aclarando
cada punto. Fue entonces que se dio cuenta de que trataba de intimidarlo
y de dañar su imagen profesional. Comentó estas situaciones
con un compañero de otra área, y éste le dijo
que tenían características de acoso.
Cabe
señalar que desde el principio nuestro sujeto habló
de frente con la jefa, exponiendo su punto de vista y defendiendo
sus razones; cuando consideraba que ella tenía razón,
lo aceptaba y actuaba en consecuencia, pero cuando no le parecía
así, también lo expresaba y actuaba en consecuencia.
El
descontento del personal en general aumentó cuando ocurrieron
más cambios y adición de funcionarios de menor nivel,
así como la incorporación de personal operativo, también
familiares y/o amigos de los jefes. Entre ellos se encontraba incluso
la pareja de la jefa, quien fue asignado a su área.
En
un ambiente ahora más tenso, la jefa endureció los
controles de tiempo, así como los criterios para
otorgar permisos de ausencia a determinadas personas. Para este
momento, parte del personal del área -en ambos turnos, matutino
y vespertino- ya se había dividido entre los que querían
quedar bien y los inconformes. Con los primeros
el trato era más cordial, suave y permisivo, y con los segundos
más frío, áspero y exigente. A la par, las
situaciones ya descritas (falta de involucramiento, distribución
inequitativa de cargas de trabajo) persistieron y se intensificaron.
Argumentando que no podía con todo, le retiró a nuestro
sujeto una de las actividades, generando un vacío; posteriormente
se la asignó a otra persona, que irónicamente se apoyó
en él para cumplirla.
Puesto
que era la única persona en su área, nuestro sujeto
ya había solicitado más apoyos (personal y equipo),
y debido a las cargas adicionales los pidió de nuevo a la
jefa, quien se los negó argumentando que ya no quería
más gente en el área y que el equipo era escaso. Entonces
buscó un momento apropiado para expresarle su deseo de cambiarse
de área, aclarando que haría una entrega formal y
entrenaría a otra persona, con lo cual ella estuvo de acuerdo.
No obstante, le asignó más actividades.
La
tensión llegó a un punto crítico cuando nuestro
sujeto habló con la superior de su jefa. En una reunión
donde estuvieron los tres, la superior le dijo que el cambio no
era posible y que se necesitaba más apoyo para atender las
nuevas actividades; él aclaró que debido a la falta
de apoyos no podía comprometerse a atenderlas con la oportunidad
esperada. Entonces su jefa lo acusó de tener tiempos
muertos y de atrasar parte del trabajo, pero él demostró
con documentos que tales afirmaciones eran falsas. La superior le
comentó que habría una reunión con el subdirector
y el director, y que luego sería retomado el caso. En tanto,
su jefa inmediata le retiró la palabra y comenzó a
comportarse como si no estuviera, mientras se desenvolvía
normalmente e incluso trataba de parecer simpática
con la mayor parte del resto del personal.
Para
entonces también otros compañeros resentían
notoriamente el estilo de la jefa. El intercambio de
anécdotas les dejó claro que los ataques eran contra
quienes manifestaban su desacuerdo, a pesar de que se mostraban
dispuestos a cooperar y buscar soluciones. El descontento había
llegado a tal grado que, cada quien por su parte y en más
de una ocasión, al no lograr nada concreto hablando con la
jefa del área, hablaron entonces con los otros jefes, en
el orden jerárquico, pero ninguno solucionó el problema.
Ese intercambio de anécdotas también les dejó
claro que era mejor hacer algo, pero unidos. Entonces un grupo de
compañeros -de base, sindicalizados, y dos que cubrían
interinato-, decidió hablar con el director de área
para manifestarle las inconformidades. Y si no funciona -decían-
hablamos con el director general, y si es necesario, vamos más
arriba. Se realizaron dos reuniones. En la primera hablaron
seis personas: cada una expuso su caso y, en su momento, nuestro
sujeto se limitó a hablar de las acusaciones de la jefa y
propuso que se revisara el trabajo de todos para que no quedaran
dudas; no mencionó el acoso para ver la reacción hacia
el grupo. Por lo demás, todos coincidieron en el mal trato
y falta de organización de la jefa, que ya estaba afectando
también a los usuarios. El director prometió una respuesta
a la brevedad. Luego la jefa convocó a todo el personal de
base del área, pero se desconocen los puntos tratados. Más
tarde, le dijo a nuestro sujeto que por instrucciones del director
estaba esperando la entrega de la oficina. Éste, con tranquilidad,
se limitó a ponerla al corriente.
A
la segunda reunión acudieron alrededor de veinte personas
-salvo una que había participado en la primera-, pero sólo
nuestro sujeto y otro compañero (de base) expresaron su punto
de vista. Así, el suyo se manejó como un caso aislado
que se resolvería aparte, y al resto de los compañeros
se les dijo que debían seguir con su trabajo normal. En ninguna
de las dos reuniones estuvo la jefa. ¿Por qué hubo
más gente? ¿por qué nadie más habló?
Nuestro sujeto no lo sabe con certeza. En sus palabras: En
la primera reunión todos estábamos muy firmes, y en
la segunda el silencio era vergonzoso. Fue muy decepcionante.
Cuando vio de nuevo a la persona que faltó a la segunda reunión,
el director se burló de lo ocurrido. En cada reunión
individual o grupal- las respuestas fueron las mismas: Es
un problema de comunicación, Ustedes no están
cooperando, Ya veremos, hablaremos con ella, No
puedo hacer nada, Denle una oportunidad, y si no cambia,
vemos qué hacemos.
Una
vez desintegrado el grupo, los ataques deliberados de la jefa contra
nuestro sujeto se incrementaron en frecuencia -casi diario y en
ocasiones varias veces al día- e intensidad -más agresivos-:
No le dio instrucciones, no le dio ni le pidió información
(es decir, intentó congelarlo), pero por un lapso
muy corto, debido a que tuvo que dirigirse a él para desahogar
el trabajo cotidiano, particularmente debido a la presencia de los
usuarios;
Continuó con los correos internos con copia para los
jefes, con el propósito de evidenciar fallas
en su desempeño;
Pidió que secretamente le informaran sus movimientos
(a dónde iba, qué hacía, con quién y
de qué hablaba, cuánto se tardaba);
Cuestionó nuevamente la entrega oficial de documentos,
sugiriendo que estaba amañada;
Le solicitaba con urgencia información justo en el
momento que se retiraba -aunque se hubiera quedado después
de concluida la jornada-, misma que no revisaba una vez entregada;
Intentó aumentarle una hora de trabajo a su jornada,
argumentando otra vez que se debía al interinato;
Le impidió registrar sus entradas y salidas para obligarlo
a cambiar el horario;
Intentó convencerlo de que su horario era corrido,
sin descanso, y que no tenía derecho a recibir aguinaldo,
bajo el argumento de que se trataba de un interinato.
Nuestro
sujeto volvió a hablar con la superior de su jefa con el
subdirector, pero nada hicieron al respecto. Hasta ese momento,
el director no había convocado a junta para resolver el caso.
En
estas críticas circunstancias, dos hechos en particular merecen
mención: 1) A sabiendas de no estar sindicalizado, nuestro
sujeto pidió apoyo de un representante sindical; 2) Contra
toda expectativa, un compañero de base de otra área
también intentó abogar por él. Ambos hablaron
con el director, y aunque fueron ignorados su apoyo abierto fue
un aliciente para que nuestro sujeto resistiera.
La
última agresión de la jefa consistió en que
le negó el pago de horas extras de la última quincena
laborada, debido a que no se había cambiado de horario, y
fue la última porque después, en un momento inesperado,
lo despidió a pesar de que no estaba facultada para ello.
Él, sabiendo ya que era inútil hablar con los jefes,
no pudo hacer algo al respecto.
Durante
este periodo, octubre 2006 junio 2007, de acuerdo con lo
dicho por él mismo y por sus compañeros, tanto inmediatos
como de otras áreas, a pesar del acoso siguió realizando
sus actividades y cumpliendo con sus compromisos laborales.
Al
momento de iniciar la redacción de este trabajo, en julio
de 2007, nuestro sujeto estaba buscando empleo, la jefa acusó
de robo de equipo al otro compañero que cubría interinato,
una de sus compañeras ya se había cambiado de área
y otros(as) estaban en vías de hacerlo.
Análisis
del caso
Los
subtemas que aquí se presentan se basan principalmente, como
he insistido, en los comentarios del sujeto y de algunos compañeros
suyos que amablemente me proporcionaron información. Son
complemento de la descripción del caso y se muestran como
listados para facilitar el análisis.
Características
de la organización
Me
parece pertinente hacer primero un apunte acerca de las características
de la organización -mejor dicho, de la parte de la organización-
en la que trabajaba el sujeto cuando fue víctima de acoso
laboral, es decir una Dirección de área. Lo sorprendente
es que se trata del área responsable de los Recursos Humanos
de la delegación. Como ya se expuso en el marco conceptual,
la organización influye para que el Mobbing tenga lugar.
En este caso encontramos lo siguiente:
-
Tiene una estructura tradicional (piramidal) rígida.
- Se percibe incongruencia en los perfiles de varios funcionarios.
- Sus directivos están preocupados por la imagen externa.
- Mayor preocupación por resultados cuantitativos que por
los cualitativos.
- Se percibe un proceso administrativo pobre, particularmente en
la fase de planeación.
- No se promueve la formación real de auténticos equipos
de trabajo.
- Se trabaja por funciones, no por procesos.
- No hay programas de trabajo formales, y si los hay no son compartidos
con el personal operativo.
- Papeleo y revisiones excesivos, retrabajos constantes.
- No hay inducción a la organización.
- No hay inducción al puesto.
- La capacitación en ocasiones es impuesta, y tampoco suele
considerarse la opinión de la población-objetivo al
elaborar el diagnóstico de necesidades.
- No existe una evaluación del desempeño formal, periódica,
objetiva y documentada.
- Los estímulos para el personal son pocos y están
inequitativamente distribuidos, lo cual contribuye a mantener una
competencia desleal.
- Las promociones por escalafón son muy contadas, al igual
que las convocatorias.
- El personal está hacinado, y el riesgo de accidentes es
permanente, sobre todo en caso de siniestros.
- La infraestructura es deficiente (instalaciones) e insuficiente
(equipos, personal).
- El sindicato, en muchos casos, no hace una defensa adecuada de
los intereses de los trabajadores.
Las
características encajan sin dificultad alguna en el modelo
explicativo de Piñuel. Cabetas y Del Castillo apuntan: Favorece
la aparición y desarrollo de mobbing laboral una empresa
con deficiente organización del trabajo. El mobbing ya es
un síntoma de mal ambiente laboral (Martín Daza et
al, 1998). Como todo síntoma, si no se atiende, agravará
la salud de quien lo presenta: en este caso trabajadores y empresa,
cuya economía y bienestar social se ven afectados.
(El énfasis es mío) Y no sólo eso, se corresponden
en buena medida con lo que se ha denominado organizaciones tóxicas.
En este sentido, Olmeda y García dicen lo siguiente:
En
algunas organizaciones el acoso puede estar institucionalizado y
ser parte de las prácticas de liderazgo y dirección.
Es lo que algunos autores han dado en llamar organizaciones tóxicas,
acoso grupal o acoso laboral crónico institucional.
Este
problema es mucho más frecuente en empresas con organización
pobre, métodos de trabajo y producción pobres, ausencia
de interés y apoyo de los superiores, con ausencia de posibilidades
de colaboración, múltiples jerarquías, exceso
de demandas de trabajo sobre el trabajador con escaso control del
mismo, deficiente organización diaria del trabajo, y problemas
en la definición del rol.
De
hecho, en este caso la percepción general es que se trata
de una mala administración, refiriéndose
al grupo de funcionarios a cuyas órdenes se encuentran y
su forma de trabajar, y con frecuencia expresan el deseo de que
sean otros.
Repercusiones
en la víctima durante el acoso<7i>
-
Frustración ante el impedimento para cambiarse de área
y realizar actividades acordes con su perfil y experiencia profesionales.
- Frustración ante las actividades a realizar, que se perciben
gradualmente como una carga.
- Altibajos en la autoestima debido a una percepción de ser
menospreciado, desperdiciado.
- Altibajos en el interés por participar, por aportar e innovar
en el área de trabajo.
- Desgaste emocional, debido a las frecuentes confrontaciones y
el clima de tensión y hostilidad.
- Altibajos en la concentración, incremento de revisiones
para evitar errores.
- Irregularidad en el horario para ingerir alimentos.
- Cansancio constante y en aumento, tendiente a la fatiga.
- Frecuentes accesos de gripe y tos.
- Tensión muscular, dolorosa.
- Hemorragias nasales (previas, reactivadas).
- Neurodermatitis: brotes en la piel, hinchazón, ardor (previa,
reactivada).
- Deseo de abandonar la institución, impedido por la falta
de oportunidades de colocación (en otras palabras, por el
grave desempleo en el país).
Está
claro que distintas personas en circunstancias similares pueden
mostrar distintas reacciones y grados de adaptación o inadaptación
a tales circunstancias. Nuestro sujeto pudo percatarse de lo que
estaba sucediendo y no se veía a sí mismo como una
víctima pasiva, al contrario: estaba conciente de que era
objeto de ataques deliberados e injustificados, aunque desconocía
los motivos.
Sin
embargo, esas ventajas no impidieron que al inicio dudara más
de una vez de sus percepciones, puesto que desde su punto de vista
no había dado, en ningún momento, pauta para que se
pusiera en tela de juicio su desempeño; tampoco, que posteriormente,
conforme el acoso se intensificaba, reconociera que le estaba afectando
de múltiples formas y debía esforzarse para mantener
la ecuanimidad en condiciones tan adversas.
Estrategia
de supervivencia de la víctima durante el acoso
-
Dentro del ámbito laboral
-
Cumplir en tiempo y forma con el trabajo asignado, generando evidencias
documentales para confrontar los cuestionamientos.
- Hablar clara y directamente con la jefa.
- Conservar copia de las instrucciones generadas por escrito.
- Conservar copia de los cuestionamientos y acusaciones generadas
por escrito.
- Dar respuesta por escrito a las instrucciones de trabajo.
- Dar respuesta por escrito a los cuestionamientos y acusaciones
más serios, anexando copia de las respuestas a las instrucciones
de trabajo.
- Intercambiar comentarios acerca de la problemática con
los compañeros(as) más receptivos, para que ambas
partes estuvieran al corriente de lo que estaba sucediendo.
- Brindar apoyo a los compañeros que lo requirieran.
- Acudir a los jefes respetando sus jerarquías.
- Participar en las reuniones con el director.
- Hacer caso omiso de rumores y chismes relacionados con o derivados
del acoso.
- Evitar el tomar una decisión en un momento de enojo o frustración,
ser impulsivo.
- Generar propuestas de trabajo (de mejora, innovaciones) aunque
fueran ignoradas.
- Actualizarse en la materia de sus actividades, en la medida que
fuera posible, incluyendo eventos de capacitación.
-
Fuera del ámbito laboral
-
Realizar otras actividades de su particular interés y gusto.
No pensar exclusivamente en la problemática del trabajo y/o
del acoso.
- Buscar apoyos, confrontar ideas, opiniones, percepciones, con
pareja, amigos y familiares.
Las
estrategias aplicadas, unas por iniciativa del sujeto y otras por
sugerencias de compañeros a quienes confió su experiencia,
corroboran que no se veía a sí mismo como víctima
pasiva. De hecho, varias de ellas coinciden con las alternativas
expuestas en el marco conceptual. Si bien al principio tuvo dudas
respecto a lo que sucedía y percibía, en ningún
momento se sintió avergonzado o culpable, porque siempre
tuvo claridad en relación con su función, sus actividades
y los límites inherentes, así como la calidad de su
desempeño y sus resultados.
Son
notorios tanto el esfuerzo realizado para mantener, en la medida
de lo posible, un grado suficiente de autocontrol en medio de un
ambiente hostil, como el reconocimiento de que requería respaldos
que le permitieran sobrellevar la situación. En otras palabras,
no pretendió que podía -o debía- resolverlo
solo. Por otra parte, le parecía injusto comprometer años
de servicio y de respeto ganado con su esfuerzo sólo porque
(en sus palabras) A esta persona [la jefa] se le ocurrió,
de la noche a la mañana, que era un mal elemento, o que debía
ser considerado como tal.
Perfil
de los acosadores
De
acuerdo con las características del caso presentado, tenemos
lo siguiente:
Son
jefes. Se trata, en primer lugar, de funcionarios (o personal
de estructura). La acosadora directa es la jefa del área,
pero está solapada por jefes de mayor jerarquía,
quienes tienen conocimiento de lo que está sucediendo, por
lo cual se les podría considerar -siguiendo lo expuesto por
Iglesias et al- acosadores secundarios, y además activos.
En cuanto al desenvolvimiento cotidiano de la jefa, le ha caracterizado:
-
Ocasionalmente, hacer comentarios en tono confidencial en el sentido
de que cuando se tiene poder hay que ejercerlo.
- Dar por hecho que en su paso por él área va a dejar
huella.
- Concentrar información, y no compartirla.
- No haber realizado una sola reunión de trabajo con todo
el personal. Prefiere resolver las problemáticas
de cada oficina por separado.
- Considerar sólo las propuestas que son acordes con su punto
de vista.
- Distribuir inequitativamente las cargas de trabajo, con base en
preferencias personales.
- Dar trato preferencial a los hombres, y mostrarse fría
con las mujeres.
- Asignar responsabilidades, retirarlas y reasignarlas a la misma
persona o a otra, de acuerdo con su estado de ánimo.
- Dar instrucciones ambiguas y poco claras, incluso terciarlas (para
evitar el contacto directo).
- Atender a los usuarios también con base en preferencias
personales. A quienes por alguna razón no son de su agrado
les da un trato rudo y entorpece sus trámites.
- Presionar, atacar, a quienes a su juicio han perdido su confianza.
- Efectuar sus ataques individualmente, en privado,
o habiendo la menor cantidad de gente posible alrededor, salvo sus
allegados.
- Adelantarse cuando le es posible, al suscitarse un problema provocado
por ella, a dar su versión a los jefes, para deslindar su
responsabilidad.
- Pretender que basta decir Somos un equipo para que
sea un hecho.
- Ocuparse más en quedar bien con sus jefes,
que en promover la creación del equipo y buscar mejoras de
fondo.
- No aceptar sus errores, y entre más serios sean, prefiere
atribuirlos a sus colaboradores.
- Mentir para protegerse, aunque se le evidencie.
- Hacer acusaciones, al grado de acudir al órgano de control
interno, pero sin fundamentos sólidos.
Debe
agregarse que las quejas acerca de su comportamiento y de su trato
han sido expresadas no sólo por sus colaboradores directos
durante el periodo abarcado. También compañeros de
otras áreas -tanto jefes como operativos-, usuarios (o clientes),
así como representantes sindicales han manifestado en múltiples
ocasiones su desacuerdo con la manera en que se desenvuelve y resuelve
los asuntos.
De
igual forma, se destaca el hecho del secreto de sus ataques, encubiertos
por ella misma, por los funcionarios de mayor nivel y por los colaboradores
que se habían aliado a ella, incluyendo a su pareja. Es importante
señalar que la dinámica cotidiana de trabajo, muy
acelerada debido en buena medida al estilo de los jefes,
también contribuye al encubrimiento.
Finalmente,
muestra rasgos narcisistas (egocentrismo, falta de empatía,
alarde de logros), psicopáticos (capacidad superficial de
encanto, manipulación, mentiras sistemáticas) e incluso
paranoides (desconfianza, percepción constante de amenazas).
Forman
un bloque de jefes. Puede apreciarse la formación de una
suerte de bloque de jefes -amigos y/o familiares-, que
se manifestó en un primer momento al frenar a cada trabajador,
y en un segundo momento al desmembrar al grupo de trabajadores
inconformes, reduciendo la problemática nuevamente a situaciones
individuales, que quizá se trataron por separado. No es desechable
la posibilidad de que las quejas crecientes, de sostenerse, implicaban
el riesgo de despido de uno o más de tales jefes; sin embargo,
el personal observa que entre ellos y ellas no hay armonía,
no hay congruencia en la línea de trabajo, que la relación
laboral se deteriora y que, en todo caso, se toleran entre sí
y forman una suerte de alianzas temporales, de acuerdo
con las circunstancias. Muy probablemente fue lo que sucedió
en esta ocasión.
Ignorancia
y falta de habilidades de negociación y toma de decisiones.
Queda claro que los jefes de menor nivel no supieron abordar y resolver
el problema, simplemente se limitaron a contener los casos e informar
al nivel superior. Sin embargo, en realidad, se llegó hasta
la dirección porque el grupo inconforme así lo decidió.
Queda claro también que no conocen cabalmente los derechos
y obligaciones de los trabajadores, ni su situación contractual,
ni diversas disposiciones existentes en varias Leyes y otros instrumentos
en materia de desempeño de los servidores públicos
(ejemplo de ello es la idea de que el personal que cubre interinato
es vulnerable y, por tanto, manipulable). Sin embargo, parece que
a final de cuentas funcionó el principio de Divide
y vencerás, el cual los propios trabajadores contribuyeron
a validar (ver p. 29).
Relaciones
y/o influencias entre los jefes. Llama la atención lo que
parece ser una protección a ultranza de la jefa
del área. Aquí entramos a un terreno muy subjetivo,
debido a la falta de información precisa y veraz. Ya se mencionó
que hay, supuestamente, lazos de amistad o familiares entre varios
de ellos, también se dijo, por ejemplo, que la jefa del área
fue invitada a trabajar por un Director General, de manera que el
bloque temporal de los jefes también pudo ser
resultado de una línea (instrucción) para
no moverla o francamente despedirla a pesar de los problemas que
ha causado. No obstante, son especulaciones: a final de cuentas
no queda claro por qué no se tocó a la
jefa, pero la idea de los trabajadores se relaciona con que: 1)
debe ser por sus relaciones personales, más allá del
ámbito laboral y/o profesional, o 2) debe ser un compromiso
político, al menos.
Cabe
destacar que esta suerte de secretismo en relación con la
trayectoria, las relaciones y los motivos para contratar y mantener
a las personas que cubren los puestos mando en particular, y la
toma de decisiones en general, contribuye particularmente a la generación
de rumores y chismes, pero también a generar desconfianza
y hartazgo entre el personal operativo, máxime si éstos
perciben después de cierto tiempo que aquéllas no
dan el ancho. El hecho de marginar al personal operativo en
relación con la toma de decisiones y el compartir los planes
de trabajo es sustancial, puesto que son quienes llevan a cabo los
procesos, e independientemente de que muchas veces llegan a tener
más experiencia que los jefes, generan en ellos la sensación
de ser meramente peones y, por consecuencia, una actitud
de indiferencia cuando se cometen errores importantes, lo cual se
sintetiza en la frase: Fue decisión de ellos, es su
problema.
Reacciones
en el medio laboral / Testigos
Durante
el acoso
-
Todos los jefes se mostraron reacios a reconocer y resolver rápida
y objetivamente el problema, tanto con el grupo como tal, como el
caso del sujeto en particular.
- Los compañeros, como se dijo, en su mayoría estaban
divididos. Hubo quienes se prestaron al juego de la
jefa y quienes se molestaron e indignaron por los ataques al sujeto
y otros compañeros. Los compañeros de otras áreas,
conforme el caso era de conocimiento general, también se
mostraron ofendidos, molestos, indignados. Se convirtió en
un secreto a voces, sin embargo, la mayoría mantuvo
una distancia, preocupados porque si mostraban un apoyo abierto
-o si se sumaban al grupo- podrían ser objeto de represalias,
pese a tener plaza de base.
- De entre los compañeros de otras áreas hubo quienes
manifestaron abiertamente su apoyo al sujeto durante el proceso,
hasta su despido.
- Hubo compañeros de la misma área que manifestaron
la intención de unirse al grupo, pero al momento de traducirlo
en hechos (concretamente, participar en las reuniones), se hicieron
a un lado con el pretexto de que tenían trabajo.
- También hubo trabajadores, compañeros tanto directos
como de otras áreas, que se mantuvieron completamente al
margen, indiferentes, aunque fueron pocos.
Después
del acoso
-
Compañeros -tanto del área donde trabajaba, como de
otras- han dado muestras de aprecio y solidaridad (mandan saludos,
palabras de ánimo). Comparados con los que no hacen comentarios,
son mayoría.
- Los(as) compañero(as) que efectivamente se han cambiado
de área o están buscando reubicarse, son contados.
Al parecer, la mayor parte de los trabajadores, aunque están
inconformes con las condiciones en que trabajan y con los jefes
que tienen, prefiere quedarse debido a que obtienen ingresos adicionales
que en otras áreas no les ofrecen, o los ofrecen en menor
cantidad.
- Los jefes se han comportado como si no pasara nada.
Aquí
ocurre la parte igualmente dolorosa de los testigos mudos. Iglesias
et al (ver Perfil de los acosadores) indican que en
todo proceso habitual de acoso destaca la figura del maltratador
principal, luego la de los acosadores secundarios, que siguen sus
acciones en mayor o menor medida, y finalmente todos aquellos que
pueden considerarse partícipes pasivos (aunque no intervienen
activamente, se inhiben por miedo a represalias o persiguiendo un
beneficio secundario). Esta distinción es importante porque
destaca dos aspectos: 1) no sólo hay testigos temerosos,
y 2) parte de ellos pueden beneficiarse sin involucrarse directamente.
La pregunta es: ¿el silencio es sinónimo de pasividad?
Y una más: ¿la pasividad exime de responsabilidad?
Ahondaré un poco.
En
términos generales, podemos afirmar que en las organizaciones
la convivencia es algo común, la gente está acostumbrada
a ver y tratar gente, especialmente si se trata de una instancia
gubernamental, como la delegación. Si a eso agregamos que
están hacinados (algo muy distinto de que haya exceso de
gente, dicho sea de paso), resulta sumamente difícil que
el personal no se percate de que hay problemas, cuando ocurren,
aún si están absortos en sus actividades.
Importa, claro, la distribución física de las personas,
pero también cuentan las redes internas de comunicación,
tanto formales como informales. De esta manera, los testigos no
pueden faltar, y cada uno, tarde o temprano, debe decidir cuál
postura adoptar al respecto.
De
acuerdo con lo descrito en las Reacciones
, pueden
detectarse cinco grupos distintos de testigos: 1) los que se prestaron
al juego de la jefa, y además callaron deliberadamente;
2) los que se molestaron e indignaron por los ataques, pero callaron
por miedo a represalias; 3) los que apoyaron abiertamente al sujeto,
4) los que se unirían al grupo de inconformes y luego se
hicieron a un lado; y 5) los indiferentes. El tercero, por obvias
razones, queda fuera del análisis.
En
relación con el primer grupo, cabe efectuar la misma consideración
que con los jefes: por participar y callar, son acosadores secundarios.
Pero, ¿a cambio de qué participaron y callaron?, ¿cuál
o cuáles beneficios obtuvieron?
¿Y
el resto? Cabetas y Del Castillo afirman: Con o sin ayuda
terapéutica, el primer escollo del acosado son sus propios
compañeros, que siguen, en actitud grupal, la marcha del
proceso, y se apuntan por inercia grupal del lado del más
fuerte. (el acosador o el acosado). Quizá sea inercia
cuando se inclina la balanza, pero en algún momento deben
decidir individualmente, deben adoptar una postura de la cual estén
conscientes por cuenta propia. Así, sus motivos son importantes,
porque pueden contribuir a mantener o modificar el proceso de mobbing
(ver apartado Conductas de mobbing).
Salvo
los indiferentes, el resto estaba a la expectativa, pero eso no
significa que fueran pasivos, porque todos aportaron su silencio
al proceso, y por tanto la posibilidad de que se alargara, favoreciendo
inevitablemente a los acosadores (aunque no estuvieran de su lado).
El silencio es resultado de una decisión, es una respuesta,
una postura ante lo que sucede, por lo cual me parece válido
debatir si se trata de pasividad. ¿Esto los convierte en
acosadores?, ¿tienen responsabilidad por saber y callar?,
y si fuera así, ¿son acosadores, digamos, de tercer
grado? No tengo elementos para negarlo o afirmarlo, pero creo que
debe discutirse.
Por
otra parte, de ser cierto que la mayor parte de los trabajadores
no se van porque prefieren obtener ingresos adicionales, esta situación
confirmaría lo señalado en el marco conceptual en
el sentido de que se abusa de la necesidad de la gente, puesto que
los sueldos son muy bajos.
Percepción
de la institución generada en la víctima
-
Decepción de la institución como terreno de desarrollo
profesional y personal.
- El nivel académico, la actualización, la experiencia
y el buen desempeño no son suficientes para obtener promociones.
- Las iniciativas son mal vistas o, por lo menos, tomadas con reserva.
- Ausencia de liderazgo. Predominio de subculturas.
- Poco interesada por el bienestar de sus integrantes, particularmente
del personal operativo.
- Poco ética. Se permiten prácticas desleales y prejuiciadas.
- Está arraigada la noción de jerarquías: los
que están arriba y los que están abajo.
- No existen los perfiles de puesto. La gente es colocada donde
se necesita, al margen de su experiencia y habilidades (en otras
palabras, las personas se ajustan al puesto, no el puesto a las
personas).
- La sobrecarga de trabajo es un castigo.
- No promueve la cultura de trabajo en equipo.
Estas
apreciaciones confirman -y hasta cierto punto complementan- las
características ya enunciadas, que bien podrían resumirse
con el refrán En casa de herrero, cuchillo de palo.
La penosa realidad de este caso raya en el patetismo porque desde
hace años se habla de estructuras horizontales,
de empowerment, de equipos de alto desempeño,
de capital intelectual, entre otras tendencias, y le
da a la famosa frase El personal es lo más valioso
de la organización -que tanto se escucha desde hace
tanto tiempo- un toque de broma de mal gusto.
Una
vez expuesto todo lo anterior, puede constatarse que nuestro sujeto
pasó por las cuatro fases clásicas de
Mobbing:
I.
Conflictos cotidianos. El conflicto inició cuando la jefa
decidió ampliar el horario de labores del sujeto a cambio
de autorizar su participación en el curso de capacitación.
Estimo, sin embargo, que tuvo como antecedentes al menos dos factores
que influyeron directamente en su relación interpersonal:
1)
La iniciativa del sujeto, manifestada cuando le pidió que
se diera un espacio para revisar los procesos que le habían
asignado, le entregó documentación relativa a las
mejoras a su área de trabajo, y sugirió hacer reuniones
periódicas, y posteriormente al presentar sus propuestas
de trabajo.
2)
El hecho de que el sujeto tuviera un criterio propio y ser asertivo,
por lo cual no siempre estuvo de acuerdo con su jefa.
Así,
es factible que haya tenido lugar la Fase de Falsa seducción
descrita por Iglesias et al: hay alguien que hace ruido
(el sujeto), la jefa se toma su tiempo para buscar al menos un punto
débil, lo encuentra (cubre un interinato) y la
víctima es elegida.
II.
Mobbing y estigmatización. La jefa inmediatamente mostró
comportamientos de hostigamiento hacia el sujeto, marcándolo:
controlar los lapsos de desplazamiento durante el curso, cuestionar
la entrega de documentación oficial, insistir en modificar
su horario de labores para que se quedara más tiempo, cuestionar
su desempeño con correos internos, negarle apoyos, asignarle
más tareas, etc., con un claro propósito de intimidación
y sometimiento, hasta el momento en que lo acusó de retrasar
parte del trabajo.
III.
Intervención de la empresa. Efectivamente, la organización
a través de sus diversos niveles de mando, tomó medidas
para resol