Reflexiones sobre el 'mobbing'
Macu Álvarez. Profesora de Modelos
de Medios de Comunicación de la U.P.V./EHU
www.elcorreodigital.com
28.11.2002
Sería necesario saber cómo se explica
la aparición, profusión o destape del 'mobbing' en este presente
histórico. Qué pasa con el lado social de los seres humanos.
¿Tendrá algo que ver el momento de transición que se
puede observar a otros niveles de interacción social? ¿Cómo
es posible que vayamos eliminando sujetos activos y diferenciados, claramente
diferentes? ¿Por qué? ¿Cuál será el siguiente
paso? ¿Se han parado a pensar en el acoso psicológico laboral,
en el acoso moral, en el también denominado psicoterror laboral?
Me asombra la rapidez de los inspectores de trabajo y los jueces en aceptar
el concepto. Y sólo encuentro un argumento como respuesta: porque lo
ven como un fenómeno claro y peligroso. Son dos profesiones más
bien integradas, ¿no? Sin embargo, me cuesta creer la lentitud del
análisis en los médicos, psicólogos, psiquiatras, sindicalistas,
políticos, sociólogos, ciudadanos, trabajadores, empresarios,
gestores de lo público, amigos, familiares..., en comprender.
Aunque sólo sea por el coste económico que está ocasionando
a la sociedad; y, aunque sea, por los beneficios que reporta a empleadores
que usan o permiten el acoso como una estrategia de eliminación de
puestos de trabajo, y no sólo de trabajadores señalados y estigmatizados.
También me admira la brillantez de los expertos repentinos que he visto
en las jornadas a las que he asistido, de forma profusa, (UPV, Bilbao, Sevilla,
Madrid, Santiago de Compostela). He encontrado expertos en lamentaciones:
todos aquellos que dicen no poder hacer nada, no implicarse. Ejemplo: los
médicos de cabecera.
A pesar de que el paciente, superando la vergüenza infinita, le confiesa
que tiene problemas en el trabajo, de relación profesional, y que no
puede dormir, que llora sin control, que incluso, a veces, piensa que se ha
vuelto paranoico y obsesivo... Y que no sabe ¡¡¡por qué!!!
El médico de cabecera o médico de familia otorgará la
baja con el diagnostico 'depresión', sin, por supuesto, relacionarlo
con el ambiente laboral. ¿Por qué no lo incluyen en su 'vademécum'?
He encontrado expertos teóricos-científicos-académicos
que, contagiados del envoltorio que proporciona el diseño, y celosos
del desarrollo de la ingeniería, recetaban, contra el 'mobbing', trabajo
en grupo con música.
Parece que se necesita una reflexión multidisclipinar que implique
a todos los sectores sociales que necesitan conocer, entender y actúar
para combatir el 'mobbing'. Al único experto que conozco con capacidad
y conocimientos para dirigir una reflexión multidisciplinar le sobrepasa
el trabajo. Es Iñaki Piñuel y Zabala, profesor de Organización
y Recursos Humanos en la Universidad de Alcalá, autor del libro 'Mobbing:
cómo sobrevivir al psicoterror laboral' (Sal Terrae, 2001), y director
de los estudios Cisneros que describen la alta incidencia del acoso laboral
en nuestra sociedad. Contar en el equipo multidisclipinar con Hirigoyen, la
psiquiatra, autora de 'El acoso moral. El maltrato psicológico en la
vida cotidiana', (Paidós, 1999), donde nos advierte de que el acoso
psicológico también se da en la pareja, en la familia, sería
un lujo. Y si se les uniera García de Rivera, M. José Blanco,
Molina Navarrete, Lidia y muchos otros, se podría ayudar a las víctimas
del 'mobbing'. Ví! ctimas que, es curioso, aun estando machacadas psicológicamente
-pero machacadas-, sin defensas, han sabido preocuparse por sobrevivir, agruparse,
razonar, escuchar, intentar comprender..., luchar. Porque no se resignan con
su papel de víctimas. Porque intuyen que son opciones de vida, de filosofía,
de ética personal y social. Y que tienen algo que ver con conceptos
como valores, principios, actitudes. Con, y sé que es resbaladizo,
dignidad.
En un año, más o menos por ahora, se produjo el 'boom' de la
información en castellano sobre acoso psicológico o moral como
le gusta a Hirigoyen (porque incluye la noción de lo que es peligroso
para el ser humano, como humano y como ser). A partir de ahí se ha
conseguido divulgar el acoso en el trabajo, aunque los medios de comunicación
de masas, incluso los escritos, siguen miopes a la hora de analizarlo e informar,
y continúan empeñados en pedir 'historias personales'. No parecen
sentir curiosidad por el fenómeno, sólo les interesa 'llenar'
con lo tópico. Tristeza. Porque son fundamentales, y porque el acoso
también se da en la empresa informativa. E informar no es sinónimo
de trivializar, sino de comprender, profundizar, contrastar y transmitir.
Se les ofrece, desde las asociaciones anti acoso, la posibilidad de hablar,
de leer sobre el tema; pero, si no consiguen la historia, el testimonio en
directo, se repliegan.
Los sindicatos, cuando se encuentran con el problema en sus afiliados, hacen
cruces; todos. Reaccionan como los políticos, aunque, afortunadamente,
son menos disciplinados. Y se atienden, aunque a duras penas, casos individuales
de trabajadores, que sirven de denuncia. Y es que, en realidad, reaccionan
como el resto de la sociedad cercana a las víctimas, a quienes les
cuesta creer que haya 'malas personas'. No ya personas cuya coctelera les
muestre como ambiciosas, trepas, egoístas, insolidarias, sino que sean
malas personas. Que disfruten haciendo daño, perversos cazadores de
personas de naturaleza confiada.
Son los y las acosadores-acosadoras. Hirigoyen define el gremio con un perfil
psicológico claro, rotundo, y que asusta: el del psicópata asesino
en serie. Quien, además, se rodea de un grupo que babea ambición,
egoísmo e insolidaridad porque callan, azuzan, se benefician y colaboran
conscientemente. Y no sucede nada. Se asumen vagos compromisos en un entorno
político que suena a declaración de principios virtual, dentro
de lo políticamente correcto. Y con contradicciones tan claras como
que el mismo partido que lidera el compromiso en una comunidad torpedea a
nivel estatal iniciativas parlamentarias que presionan para fijar la atención
en el acoso psicológico laboral, en el acoso moral.
Y nada más. No hay coordinación. Se sigue discutiendo sobre
si hay suficiente legislación como para afrontar el 'mobbing' o si
es necesario definir el problema legalmente y otorgarle un rango especifico,
como con el acoso sexual. Si es mejor que los funcionarios vayan por lo contencioso-administrativo
o tiren por el Código Penal.
Cataluña ha decidido que tres inspectores de trabajo se especialicen
en 'mobbing'. Y se agradece la atención dada al problema. Sin embargo,
si se fijan en las cifras de afectados, se darán cuenta de que tres
inspectores son totalmente insuficientes. Y eso que es la única autonomía
que ha decidido actuar con recursos concretos.
El fenómeno cuenta con historia, legislación y lucha de varios
años en países concienciados y sensibles -en ese aspecto-, como
Suecia. ¿Por qué nos cuesta tanto entenderlo aquí? La
Unión Europea lleva años alertando y recomendando a los países
miembros que elaboren un libro blanco, que estudien el 'mobbing'; pero como
sólo recomienda...
Mientras tanto, ¿qué se puede hacer?. Denunciarlo y apoyar a
las personas cercanas, simplemente escuchándolas con paciencia. Esas
personas que se lamentan por el trabajo con el que parecían disfrutar
un día. Las que están obsesivas y obsesionadas porque no entienden
cómo y por qué se han convertido en 'blanco de las hostias'.
Puede que ya estén somatizando dolores, diagnósticos; o que
piensen en abandonar, en irse de su lugar de trabajo. Reconocerá a
esas personas por un caer en la cuenta de que, además, han perdido
la carcajada y la sonrisa.
Esas personas, que ya son casi dos millones en España, necesitan que
se reflexione sobre el qué, cómo, cuándo, dónde,
quiénes, para qué y por qué del 'mobbing', desde un punto
de vista multidisciplinar. Porque, quizás, así podamos entender
muchas más cosas que ahora, en este presente histórico, necesitamos
asimilar y decidir.
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