PERVERSOS: TIPOLOGIAS
Violencia y agresión en el psicópata.
Eduardo A. Mata
INTRODUCCIÓN.
La personalidad antisocial suele estar referida primariamente al comportamiento -esto es, persistentes violaciones a las normas sociales-, en tanto que la psicopatía se la define no sólo por su conducta, sino también por sus rasgos afectivos y sus patrones de relaciones interpersonales.Muchas personas mantenidas en cárceles, correccionales y lugares de detención psiquiátrica forense son psicópatas. La psicopatía está indudablemente relacionada con la criminalidad, y especialmente con el crimen violento. Comparados con los delincuentes no psicópatas, éstos tienen más acusaciones criminales y más condenas por crímenes violentos; también son los mayores responsables de la violencia intracarcelaria.
Hay que considerar varios problemas vinculados con la agresión y la psicopatía. Uno de ellos es la relación existente entre agresión e impulsividad. Otro, muy vinculado al primero, sería la distinción entre agresión depredadora (proactiva) y reactiva, distinción que ya fuera hecha hace treinta años (Berkowitz, Bandura) y, por último, habría que ver la relación de la psicopatía con los grandes criminales, por ejemplo (entre otros), los asesinos seriales y los masivos.
La agresión reactiva ha sido definida como una reacción hostil y de enojo a una frustración percibida. El individuo agresivo reactivo sobrerreacciona ante la menor provocación, y es explosivo e inestable.
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En cambio, en la agresión proactiva (depredadora) hay una conducta instrumental que es disparada ante una meta determinada. Este tipo de agresor suele ser pendenciero con sus pares y una amenaza criminal para la sociedad.
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Por lo tanto, la agresión reactiva es la que está más fuertemente ligada a la impulsividad, mientras que la proactiva es más premeditada.Parecería que hay más influencias genéticas (que serían de tipo no aditivo) para la impulsividad que para la agresión, al menos para la reactiva. En este caso juegan un papel fundamental las influencias ambientales, tales como experiencias traumáticas o amenazantes, tempranas y duraderas, que han promovido sentimientos de furia, miedo e hiperactividad.
Dodge, quien ha hecho las afirmaciones precedentes, subraya la importancia de la generación de un tipo o estilo de "apego", del cual depende la sensación de seguridad y el aprendizaje de la empatía, ambas características necesarias para controlar la agresión reactiva. Este autor reconoció la importancia de mecanismos neurológicos, pero no mencionó la existencia de influencias genéticas. Los genes parecen explicar las diferencias individuales en la agresión infantil y la adulta, pero explican muy poco las variaciones en la agresión adolescente.Los individuos que exhiben comportamientos impulsivos tienen a menudo otros problemas de conducta. Los estudios realizados muestran, además, que la irritabilidad es la que está más fuertemente relacionada con la impulsividad, mientras que las agresiones verbales o indirectas lo estaban menos, y menos aún las agresiones físicas directas.
También se demostró que la impulsividad y la agresión reactiva tenían más probabilidades de compartir influencias genéticas y ambientales, que la proactiva o depredadora.Se ha formulado una coherente integración de ideas relacionando estas diferencias y déficits cognitivos con conceptos psicodinámicos ( psicoanálisis). Su formulación subraya la existencia de fallas en los procesos narcisistas, defectos en el Superyo, y una predisposición innata hacia la impulsividad y la agresión.
Meloy considera que una base biológica puede explicar el fracaso en el apego y las identificaciones malignas del psicópata. Él considera que esto ocurre a través de dos caminos de causalidad. El primero de ellos comienza con un déficit en la capacidad de apegarse o vincularse, el cual puede ser mejor conceptualizado hasta ahora por vías neurológicas inespecíficas o una configuración politética de genes. La segunda vía causal comienza con un defecto que resulta de una superabundancia de impulsos agresivos, o con un defecto en las funciones inhibitorias, o en una combinación de ambos. Los efectos de las experiencias infantiles tempranas, combinados con estas predisposiciones biológicas, crean las condiciones para el desarrollo de la psicopatía.
TIPOLOGIAS
Según Blackburn
De cualquier forma, es necesario intentar
ver algunas de las tipologías ensayadas dentro del campo mayor de las psicopatías,
para poder distinguir las variantes que adopta la violencia y la agresión
en cada una de ellas. El mismo Blackburn ha desarrollado un enfoque interpersonal
que derivó en una tipología, la cual considera cuatro subtipos de psicópatas:
1. Los "Psicópatas Primarios" (P: impulsivos, agresivos,
hostiles, extravertidos, confiados en sí mismos, con bajo promedio de ansiedad).
En este grupo se encuentran predominantemente los narcisistas, histriónicos,
y antisociales.

2. Los "Psicópatas Secundarios" (S: hostiles, impulsivos,
agresivos, socialmente ansiosos, aislados socialmente, malhumorados, con
baja autoestima). Aquí se encuentran antisociales, evitativos, esquizoides,
dependientes y paranoides.

3. Los "Psicópatas Controlados" (C: defensivos, controlados,
sociables, no ansiosos). Este grupo muestra menores puntajes de trastornos
de personalidad.

4. Los "Psicópatas Inhibidos" (I: tímidos, aislados, controlados,
moderadamente ansiosos, con baja autoestima). Aquí hay esquizoides, esquizotípicos
y pasivo-agresivos, pero muestran bajos puntajes en antisocialidad.

El "modelo circunflejo interpersonal" o "círculo interpersonal"
es un esquema útil para establecer estilos interpersonales. Las dos dimensiones
polares están dadas sobre determinadas características: el grado de poder
o de control ejercido sobre las interacciones sociales (dominancia versus
sometimiento), y la clase de afiliación (hostilidad versus cuidado).
Para Blackburn, la agresión del psicópata está montada sobre el eje que va de coercitivo a dócil. Para Checkley, cae en el eje de la hostilidad. La mayor parte de las características psicopáticas caen en el cuadrante determinado por los ejes de la dominancia y de la hostilidad, lo que incluye "culpar a otros", "mentir fácilmente", "demandar atención", ser "impulsivo" y "amenazar a otros con violencia".
La psicopatía, entonces, aparece estrechamente vinculada con la dimensión
de la amabilidad. Esto es consistente con los atributos de callosidad y
antagonismo que definen lo desagradable del psicópata.
El estilo interpersonal, en los desórdenes de personalidad, se caracteriza
por ser inflexible. En este modelo el psicópata primario (P) tiende a ser
coercitivo, pero además es más dominante y gregario. Los secundarios son
también coercitivos, pero también más aislados y sometidos. Ambos tipos,
pues, exhiben estilos interpersonales que los coloca en la posibilidad de
tener conflictos con terceros.
No obstante, los secundarios tienen menos probabilidades de ser "agentes activos", lo que refleja su ansiedad social y baja autoestima. Ser "agente activo" implica lo opuesto a la "pasividad": es la lucha por la maestría y el control. Ser "cuidador", también implica lucha (no hay pasividad pero en este caso es por la intimidad y la solidaridad con extensas comunidades sociales o religiosas).Los comportamientos tenderán a ser rígidos e inflexibles.
Esta noción de estilos interpersonales inflexibles es coherente con
la de trastornos de personalidad, caracterizados por rasgos inflexibles.
Debido a que muchos autores se han referido a los trastornos de personalidad
como evidenciables a través de las relaciones interpersonales, se ha propuesto
este modelo circunflejo para describirlos y clasificarlos. Los cuatro subtipos
de personalidad descritos por Blackburn, pueden adaptarse a este modelo.
Los problemas en las relaciones interpersonales
son centrales en los psicópatas, y también en los histriónicos, narcisistas,
dependientes, evitativos y esquizoides. La psicopatía está ampliamente distribuida
en el eje coercitivo, pero son también dominantes y gregarios. Los psicópatas
secundarios son también coercitivos, pero también más aislados y sometidos.
Ambos (primarios y secundarios), tienen estilos interpersonales que promueven
conflictos con terceros; pero los secundarios, debido a su ansiedad social
y su baja autestima, se buscan más problemas.
Es interesante considerar la posición del psicópata en este modelo en relación
con el paranoide, el pasivo-agresivo, el narcisista y el histriónico. Todos
ellos se proyectan dentro del cuadrante de la hostilidad, siendo el psicópata
el más cercano al octante hostil, y el narcisista e histriónico, al dominante.
La asociación de la psicopatía y las actuaciones
patológicas ("acting-out") y los estilos dominante-hostil sugieren
que la conducta criminal puede estar asociada al círculo. Un estilo interpersonal
coercitivo está más claramente asociado a un comportamiento criminal persistente.
Sin embargo, la violencia cae en el cuadrante dominante-cuidador. Estos
hallazgos sugieren que la criminalidad general está asociada al estilo coercitivo,
pero que la criminalidad violenta está más vinculada al estilo dominante.
Los estilos interpersonales expresan las principales tendencias motivacionales,
y los rasgos que definen la personalidad pueden ser comprendidos en relación
con lo que se comunica en las transacciones interpersonales, lo que a su
vez tiene que ver con esas motivaciones.
Las motivaciones
Las del psicópata giran en torno del poder y el status en las jerarquías sociales, en un contexto de rechazo o evitación de la intimidad. Millon ofrece una explicación similar para la agresión en estas personalidades. Se trataría de un contraataque preventivo anticipándose a intentos de terceros por explotarlo, humillarlo. Esta concepción subraya que muchas de las conductas del psicópata tienen que ver con sus "creencias" interpersonales. De acuerdo a la teoría interpersonal, un comportamiento determinado "empuja" a una reacción de la otra persona, dentro de un rango determinado, y esto tiene que ver con la complementariedad. A lo largo del eje dominancia-sometimiento, la complementariedad es recíproca (una acción dominante provoca una respuesta de sometimiento), mientras que a lo largo del eje hostilidad-cuidado, la reacción es correspondiente o congruente (por ejemplo, una respuesta hostil, invita a una reacción hostil). Habrá combinaciones a lo largo del círculo: por ejemplo, una dominancia hostil es probable que incite a un sometimiento hostil. El efecto de la rigidez, que antes mencionamos, es de producir reacciones anticomplementarias, debido a que las conductas emergentes son aversivas para muchas personas.
Al explicar el estilo interpersonal disfuncional, Carson sugiere que estas
interacciones pueden crear fuertes expectativas en cuanto a cómo el otro
reaccionará respecto de uno mismo, y que estas expectativas sesgadas se
vuelven después profecías autocumplidoras. Los teóricos del apego han llegado
a parecidas conclusiones. El comportamiento va dirigido a otro para hacer
aparecer una determinada reacción y hacer cumplir las expectativas. Por
ejemplo, una persona hostil espera reacciones hostiles de parte de los otros
y se comporta de una manera que las produce. La gente con fuertes expectativas
es más probable que genere situaciones que dejan pocas alternativas diferentes
de reacción. Por lo tanto, los estilos interpersonales extremos están asociados
a una determinada clase de expectativas. Por ejemplo, el estilo coercitivo
asociado al psicópata estaría asociado a expectativas tanto de dominación
como de sometimiento hostil, y carecería de habilidades para elicitar otros
comportamientos. Fácilmente la manipulación y la despreocupación por el
otro siguen a estas creencias. Una dominación amistosa debería esperar una
amistosa sumisión, por otra parte.
http://www.prensapolicial.8k.com/el_psicopata.htm
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